No sé por qué esta noche se me ocurrió pensar en nuestro querido cantante Roberto Carlos (¡Dios lo guarde!). Y escribiendo este ejercicio, me incliné de algún modo a una de sus amadas canciones. Vaya, pues, como homenaje.
Pecó de ingenuo, pues ya no podía ser de otro modo. ¿Cómo habías podido caer de esa manera, ante tanta obviedad?, le espetaron. Tienes que fijarte más en lo que haces, insistieron.
Mientras, él miraba por la ventana aquella noche “donde todos los gatos son pardos”. Pensaba: ¿son pardos los gatos o las noches? No era lo mismo. Las noches eran de por sí sombrías, y podrían ser tersas y lúdicas como los gatos.
No supo advertir el agujero negro de su deseo. Después de la seducción de aquella piel terrosa, había vuelto maullando a la noche.
