El 4 de enero de 1941, hace unos 84 años, falleció quien fuera uno de los pensadores más influyentes del siglo XX: Henri Bergson. Filósofo y escritor nacido en Francia, Bergson fue autor de una obra capital en el pensamiento universal contemporáneo, que llegó a incidir en la literatura, así, en escritores como Antonio Machado y Marcel Proust. También se reconocen trazos de su pensamiento en corrientes como el existencialismo francés (Sartre), el pragmatismo psicológico (W. James), la llamada Escuela de Frankfurt (Adorno) y el posestructuralismo (G. Deleuze). Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1927.
La obra filosófica de Bergson cubre un amplio espectro de interés, que incluyen temas como el conocimiento, la percepción, la memoria, la intuición, la temporalidad (la duración), la religión, principalmente. No es mi propósito hacer una disertación erudita sobre sus complejos asuntos, lo que estaría fuera de mi alcance y más en este espacio. Solamente dedicaré unas consideraciones generales a uno de sus claves, de mi mayor afinidad: la memoria.
Entré en su pensamiento acerca de ese fascinante asunto gracias a mi aproximación al filósofo también francés Gilles Deleuze, en particular, por una antología de sus textos recogidos bajo el título Memoria y vida. Si bien ya sabía de Bergson y su filosofía, no había podido acceder a todos sus libros, y menos a todo lo concerniente a la memoria.
Como se sabe, la memoria es un tema central de nuestras vidas como individuos y como sociedad (memoria colectiva), pero, en especial, me interesa(ba) por sus implicaciones en la creación literaria y en las obras de sus ejecutores. Este fue el motivo principal de mi interés, y a lo largo de mi carrera he realizado estudios y escritos que lo han aprovechado.
A continuación, destacaré unos fragmentos que considero relevantes.
La memoria no es una facultad de clasificar los recuerdos en un cajón o de inscribirlos en un registro.
(…) lo que desde nuestra primera infancia hemos sentido, pensado, querido, está ahí, inclinado sobre el presente con el que va a reunirse presionando contra la puerta de la conciencia que quería dejarlo fuera.
(…) ¿qué somos nosotros, qué es nuestro carácter sino la condensación de la historia que hemos vivido desde nuestro nacimiento, antes de nuestro nacimiento incluso (…) es con nuestro pasado todo entero, como deseamos, queremos, actuamos.
Esencialmente virtual, el pasado no puede ser captado por nosotros como pasado a no ser que sigamos (…) el movimiento mediante el que se abre en imagen presente, emergiendo de las tinieblas a la luz.
El recuerdo de una sensación es algo capaz de sugerir esta sensación, quiero decir, de hacerla renacer.
Busquemos, en lo más hondo de nosotros mismos, el punto en que nos sentimos más interiores a nuestra propia vida. Es en la pura duración donde nos sumimos entonces, una duración en que el pasado, siempre en marcha, se dilata sin cesar en un presente absolutamente nuevo.
Bergson concibe la memoria vital como un proceso constituido o dado por lo que denomina duración, uno de sus aportes esenciales. Se trata de un concepto-imagen fundamental de su filosofía, difícil de sintetizar; podría decirse que es una continuidad hecha de discontinuidades, una temporalidad donde el pasado se hace presente. ¿Cómo? Por la relación con la percepción, que ocurre por las sensaciones, esas impresiones de nuestros sentidos corporales. Mediante ellas los recuerdos toman cuerpo, devienen presente.
De modo que la memoria vital (también llamada “afectiva”) se produce por una imagen sensorial involuntaria que permite renacer en el presente esa sugerencia inscrita en el pasado. Como dice claramente Bergson, la relación entre percepción (sensación) y recuerdo es de doble dirección: este nace con ella, que es actualidad, pero la sobrevive, y puede ser capaz de sugerirla nuevamente en una imagen.
Así, nuestra memoria, como la realidad misma, de la que forma parte, es una movilidad que se manifiesta en imágenes, presentadas en el recuerdo.
Referencia:
Bergson, Henri (1987). Memoria y vida. Textos escogidos por Gilles Deleuze. España: Alianza Editorial.
