Entre los más grandes escritores alemanes del siglo XX y los más universales se encuentra Hermann Hesse, fallecido el 9 de agosto de 1962. Autor de una amplia obra literaria que fuera reconocida con el Premio Nobel de Literatura en 1946. Portador de un entrañable pensamiento filosófico, entre lo romántico y lo existencial, lo angustiado y lo religioso, asumió posiciones pacifistas y antinacionalistas, y presintiendo la catástrofe bélica, se refugió en Suiza, donde le fuera otorgada nacionalidad y muriera.
Es quizás uno de los escritores del siglo XX más leído y traducido, y de mayor influencia en varias generaciones, sobre todo desde la década del 50 y atravesando casi todo el siglo. Aún hoy sigue llamando la atención. ¿Quién no ha leído directamente, o al menos tenido alguna referencia, de sus famosas novelas: Demian (1919), Siddhartha (1922), El lobo estepario (1927), El juego de los abalorios (1943)? Pero asimismo Hesse fue escritor de cuentos y de poemas, género que le dio también gran aproximación al lector común. Su epistolario se cuenta entre los más atractivos de escritores contemporáneos. Igualmente cultivó la pintura.
Tomaré ciertos fragmentos de sus cartas y reproduciré algunos poemas representativos de su visión y ánimo de mundo.
En carta a Emmy Hennings, de 1928:
Al fin y al cabo, la gente de nuestro tipo no hace ni ha hecho otra cosa en todo tiempo que pedir por los medios más desesperados y en los lenguajes secretos más complicados del mundo un poco de amor y de comprensión, pues a pesar de toda nuestra desesperación y nuestros fracasos conservamos aún en un rincón del corazón la creencia de que la música que hacemos tiene sentido y proviene del cielo.
En respuesta a una estudiante de filosofía, en 1930:
(…) a lo que me aferro es a perseverar en mi puesto aun cuando desespere de mi época y de mí mismo, a no desechar el respeto por la vida y por la posibilidad de su sentido a riesgo de tener que quedarme solo, a riesgo de quedar en una posición ridícula.
Y a la misma persona en otra carta:
No conozco ninguna sabiduría que pudiera facilitarme la vida. La vida no es fácil, jamás lo fue, pero no tenemos que preguntar si lo es o no. (…) Debemos tratar de tomar nuestra naturaleza como lo único verdadero, acordándole a nuestra alma todos los derechos.
(…) seremos tanto más fuertes cuanto más reconozcamos la vida, cuanto más nos unifiquemos en nuestro interior con lo que nos acontece desde el exterior.
Se puede notar la posición de Hermann Hesse, que oscila entre una actitud que reconoce la incertidumbre y descree de falsas visiones “positivas”, y un cierto vitalismo —pues se afirma en la vida— sobrio y sosegado.
Pasemos ahora a poemas suyos.
En la niebla
¡Qué extraño es vagar en la niebla!
En soledad piedras y sotos.
No ve el árbol los otros árboles.
Cada uno está solo.Lleno estaba el mundo de amigos
cuando aún mi cielo era hermoso.
Al caer ahora la niebla
los ha borrado a todos.¡Qué extraño es vagar en la niebla!
Ningún hombre conoce al otro.
Vida y soledad se confunden.
Cada uno está solo.
***
Oda a Hölderlin
Amigo de mi juventud, a ti regreso agradecido
ciertos atardeceres, cuando entre los saúcos
en el jardín que duerme suena sólo
la fuente susurrante.
Hoy nadie te conoce, amigo mío; en estos tiempos nuevos
muchos se han apartado del encanto tranquilo de la Hélade,
sin oraciones y sin dioses
prosaicamente el pueblo camina sobre el polvo.Pero para una secreta multitud de absortos entrañables
a los que el dios llenó el alma de anhelos
aún suenan las canciones
de tu arpa divina.Cansados del trabajo regresamos ansiosos
a la ambrosiaca noche de tu canto,
cuyas flotantes alas nos protegen
con un sueño dorado.Y cuando nos encanta tu canción más ardiente se enciende,
más dolorosamente arde hacia el país dichoso del pasado
hacia los templos de los griegos
esta nostalgia que jamás termina.
Hoja marchita
Toda flor desea su fruto,
todo amanecer se encamina al crepúsculo,
nada eterno hay en la tierra,
excepto la transformación y la fuga.También el más bello verano
quiere sentir alguna vez el otoño y lo caduco.
Detente, hoja, sé paciente y silenciosa
cuando el viento desee llevarte.Sigue jugando tu juego, no te detengas,
deja, tranquila, que las cosas ocurran.
Permite que el viento que te arranca
sople y te conduzca a casa.
***
Camino hacia adentro
Quien encontró el camino hacia adentro,
quien en el hundirse ardiente en uno mismo
el núcleo presintió de la sabiduría,
ése elegirá con su sentido a Dios y al mundo
como su imagen y su alegoría:
cada obra y cada pensamiento
diálogo serán con el alma que le es propia
que a Dios y al mundo en sí contiene.
00
En los poemas que reproduzco podemos advertir, en gran medida, la expresión congruente con la visión manifestada en los fragmentos de sus cartas: la conciencia de la transformación y caducidad de la vida, la necesidad de realzar a esta como una opción individual e interior, la fuerza del sosiego que nos da la comprensión de lo sencillo y complejo a la vez, y el reconocimiento de la presencia de lo divino.
Este último aspecto de su visión se manifiesta palmariamente en su canto al poeta coterráneo, Friedrich Hölderlin, el poeta del romanticismo alemán que honró a la divinidad en la tierra. En una de sus cartas, Hesse confiesa: “toda mi vida está signada por un intento hacia la unión y la abnegación, hacia la religión”. Resiente en el poema que ese sentido religioso profundo se haya perdido, tal como ratifica en el verso que cierra el último poema compartido aquí.
Referencias:
Hesse, Hermann (1999). Cartas escogidas. Buenos Aires: Editorial Suramericana.
http://amediavoz.com/hesse.htm
https://autores.yavendras.com/hermann-hesse/
https://elvuelodelalechuza.com/2016/11/17/algunos-poemas-de-hermann-hesse/
Gracias por su lectura.
