El Romanticismo (lo escribo con mayúscula para diferenciarlo del uso común del término) es, indudablemente, el movimiento más importante de la renovación de la literatura occidental, y en él, particularmente, el Romanticismo alemán.
Cuando me adentré en el conocimiento de este movimiento histórico, más allá de lo general que nos pueden suministrar en una asignatura, para preparar un seminario universitario sobre poéticas de la modernidad, me detuve especialmente en el Romanticismo alemán, que dio sus primeras manifestaciones (precursoras) a finales del siglo XVIII y continuó aproximadamente hasta 1850. Había leído a Hölderlin, a Novalis, algo a Friedrich Schlegel, básicamente.
En mi búsqueda bibliográfica di con un libro cuyo título ya me atrajo poderosamente: El entusiasmo y la quietud. Antología del Romanticismo alemán, elaborado por el catedrático español Antoni Marí, en edición de 1979. Descubrí gracias a él a un autor del que tenía una vaga referencia –Jean Paul–, como se le conoce. Y de sus tres textos allí recogidos, uno que me impactó, con su solo título: Desde lo alto del edificio del mundo, Cristo, muerto, proclama que Dios no existe.
Jean Paul Richter (nombre adoptado por este autor) fue un poeta, novelista y ensayista de Baviera, nacido en 1763 y fallecido el 14 de noviembre de 1825, es decir, hace 200 años. Estuvo muy influenciado inicialmente por su padre protestante, pero pronto se introdujo en el pensamiento de la Ilustración. Cuando se trasladó a Berlín hizo amistad con intelectuales como los Schlegel, Fitche, Hegel; fue muy apreciado por Herder, Carlyle, De Quincey. Tuvo éxito con sus novelas. Su vida estuvo signada por la temprana muerte de su padre, el suicidio de un hermano, así como la muerte de un hijo y de un apreciado amigo; también vivió épocas de penurias económicas. Su obra literaria se inclinó a la ironía, la sátira, las digresiones y reflexiones. Se dice que la figura del “Doppelgänger”, el doble fantasma, fue acuñada por él. Se reconocen sus influencias en Dostoyevski, Mann, Hesse, Borges, entre otros escritores.
Pasemos a hablar de ese texto de Jean Paul que hizo impresión en mí. Según se sabe, es un opúsculo que publicara en 1796, cuando tenía 33 años. Como dijimos, ya su título nos sacude y perturba. Y pensamos que estamos ante un texto que presagia la “muerte de Dios”, anunciada por Nietzsche en 1882-1883. Sobre este asunto hay todo un debate, que no podemos abordar aquí, sobre el sentido que dio el filósofo alemán a la expresión “Dios ha muerto”.
El texto en prosa de Jean Paul nos presenta, en la voz del hablante, un sueño que este ha tenido, en el cual se revela Cristo, ya fallecido, en el mundo de los muertos, quienes le inquieren sobre Dios, y este anuncia que Dios no existe.
En un discurso casi pesadillesco, escatológico, lúgubre, se atreve Jean Paul a formular esa grave y desesperanzadora afirmación. Para luego, el hablante despertar y afirmar la verdad contraria, que refulge en una mañana.
Como dije, leí el texto en la traducción de Antoni Marí, que no tengo en edición digital (aunque la he buscado). Pondré al final un enlace de acceso a otra versión, que no es tan de mi gusto. En lo inmediato, transcribiré unos fragmentos del texto en la traducción de Marí.
La infancia, y sus terrores, más aún que sus alegrías, vuelven a adquirir alas y luz en el sueño y vibran como luciérnagas en la pequeña noche del alma.
Una vez, en una noche de verano, yacía yo encima de una montaña, ante el sol, y me dormí. Soñé que despertaba en el cementerio.
El velo de la niebla y el estremecimiento de la tierra me empujaron hacia el templo (…) Me abrí camino entre sombras desconocidas que llevaban la huella de siglos lejanos. (…) Sólo un muerto, que aún esperaba sepultura en la iglesia, yacía todavía sin estremecimiento alguno, y en su rostro sonriene había un sueño feliz.
Haciendo largos asaltos, les muestro una mínima parte del preámbulo que va preparando la atmósfera psicológica para lo que podría ser el “nudo” del texto. Veamos.
De pronto, desde lo alto, bajó sobre el altar una figura sublime y noble que llevaba las huellas de un dolor incancelable, y todos los muertos gritaron: “¡Cristo! ¿No hay ningún Dios?”. Cristo respondió: “¡Ninguno!”.
Las lívidas sombras se dispersaron, como el blanco vapor producido por el hielo se disuelve, y todo quedó vacío. Entraron entonces en el templo los niños muertos, que se habían despertado en el cementerio; se arrojaron al pie del altar sobre el que se erguía la figura sublime, y dijeron: “¡Jesús! ¿No tenemos padre?”. -Y él respondió con unsoplo henchido delágrimas: “Todos somos huérfanos, yo y nosotros; no tenemos padre”.
Después de esto vendrá un extenso texto en el que se nos describe el caos del mundo, y la visión fatalista de Cristo. Para luego entrar en los párrafos finales, que trataré de recoger.
Yo caí de rodillas y miré el luminoso edificio del mundo, y vi las espirales erizadas de la gigantesca serpiente de la eternidad, que se había enroscado alrededor del universo (…) y un martillo de campana, infinitamente estirado, estaba a punto de dar la última hora del tiempo y destruir el edificio del mundo… cuando desperté.
Y en su último párrafo, saliendo de esa pesadilla, el hablante, reconfortado con su fe y su esperanza, nos dirá:
Mi alma lloró de alegría, porque podía otra vez adorar a Dios –y la alegría y el llanto y la fe en él fueron mi oración. Y, cuando me levanté, el sol ardía por detrás de las espigas púrpuras y proyectaba el pacífico reflejo de su crepúsculo hacia la pequeña luna, que se levantaba hacia Oriente sin aurora; y, entre el cielo y la tierra, un mendo feliz y transeúnte alargaba sus breves alas y vivía, como yo, ante el padre infinito; y de toda la naturaleza, a mi alrededor, fluían sonidos de paz, similares al redoblar de víspera lejana.
¡Simplemente hermoso! Este despertar, que es recuperación de la vida, está presentado con una descripción de la maravilla de la naturaleza y la existencia, que es un homenaje al Dios creador de tanta vida y belleza.
Referencias:
Marí, Antoni (1979). El entusiasmo y la quietud. Antología del Romanticismo alemán. España: Edit. Tusquets.
https://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Paul
En este enlace encontrarán una versión del texto de Jean Paul Richter. Sugiero saltarse la nota previa por ser muy religiosamente manipuladora.
