Entre los más importantes, pero poco conocidos, poetas estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX está Robert Lowell, fallecido el 12 de septiembre de 1977. Un poeta que tendrá un valor relevante para la poesía posterior por su incorporación de lo confesional y conversacional, entre una visión religiosa y laica, próxima a la crítica. Fue un pacifista decidido, un “objetor de conciencia”, lo que le implicó acoso y cárcel. Tuvo una prolongada actividad docente, sobre todo en la enseñanza de la poesía; de allí su influencia en poetas como Sylvia Plath y Anne Sexton. Podrán leer más de su vida en la referencia dada.
Me acerqué a su obra gracias a la lectura de la entrañable Antología de la poesía norteamericana actual del poeta y traductor argentino Alberto Girri, publicada por Monte Ávila Editores a finales de los años 60, que conseguí (¡gracias a Dios!) en una venta de libros usados en Caracas.
Para este post, he acudido a una pequeña selección de poemas de Lowell traducidos por el ensayista mexicano Carlos Monsivais, de los que elijo dos poemas-fragmentos, que me parecen muy ilustrativos de su poesía y pensamiento.
Para comenzar dos pensamientos extraídos de sus poemas:
En nuestro inconcluso y revolucionario presente nada comienza y todo ha terminado.
No le temo a la muerte... sino al dolor incierto, ilimitado.
Fragmento de “México”
7
Tres almohadas, punta a punta, elásticas, curvas, y frías
cubiertas por la sábana del diván. Por un segundo, la mano alucinaba—
me pensé descubriéndote. En el crepúsculo,
el lavabo despide su golpeante perfume, su dulzura,
un enlace de ron y coca-cola. Oscuridad, querida, oscuridad:
aquí siempre, lo ilusorio de la noche, las luces observan a los mexicanos,
niños casi todos, conformados por habitaciones
como cajas en una calle donde los autobuses devoran la acera.
Y la medianoche del Año Nuevo; en el mercado tres beben
cerveza en latas adornadas con limones y sal; una mujer azteca,
canta sus baladas de adulterio; y llora porque su esposo la ha abandonado
por tres mujeres para asumir la pobreza que todos los hombres
deben enfrentar a la hora de la muerte.
(De: Notebook – 1969-1970)
El nihilista como héroe
“Una línea inspirada es todo lo que entregan nuestros poetas,
¿más qué francés ha escrito seis líneas aceptables, una atrás otra?”
dijo Valéry. Para Satán ése fue un día feliz.
Uno anhela palabras colgadas de la carne del buey vivo,
pero la llama fría del papel de estaño lame el leño metálico;
el inmutable hermoso fuego de la niñez
traiciona las visiones monótonas.
Del cambio y por definición se alimenta la vida,
en cada temporada nos deshacemos de guerras,
mujeres y automóviles nuevos
A veces, cuando enfermo o lleno de malestares,
miro verdear la llama contraída de este fósforo,
el tallo de maíz adquiere florescencias y verdes prolongaciones.
Un nihilista debe vivir el mundo como es
mirando a lo imposible ascender al desecho.
(De: Notebook – 1969-1970)
La poesía de Lowell, en especial la de sus últimos libros, se torna muchas veces críptica, aun cuando se escriba en un lenguaje conversacional y con referencias comunes. Así, en el primer poema (un fragmento), encontramos, junto con el elogio a la oscuridad, la recreación del encuentro con la muerte entrelazada a las mujeres aztecas. Y, en el segundo, un aparente canto al nihilista, nos sitúa ante el cambio de las cosas y la necesidad de vivir estas mutaciones, que pueden ser (o son) la verdad del mundo.
Referencias:
Cosmopolitismo y Disensión. Antología de la poesía norteamericana actual (1969). Traducción: Alberto Girri. Caracas: Monte Ávila Editores.
https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Lowell
https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf4/robert-lowell.1.pdf
