Pasan rápido los años. Casi que fue ayer cuando mi corazón se dolió al saber del asesinato de John Lennon. Han pasado 45 años, y seguimos, sin ninguna disminución, escuchando sus canciones como “The Beatles” o individuales. Aquí un modesto ejercicio poético en su memoria.
¿Cómo comprender un disparo
contra el amor y la paz?
No como el de Maiakosky
(“la barca del amor naufragó
contra la vida cotidiana”)
autoinfligido, decidido.
¿Dónde nace y se cultiva el odio
contra el amor y la paz?
¿Qué enigma se incuba
en ese corazón retorcido,
hasta la fatalidad?
Primitivas las raíces del odio,
como las del miedo.
Somos sus víctimas,
también sus victimarios,
y nada cambia.
Nunca estará de más escuchar la inolvidable canción de John Lennon, que sigue animando nuestra vida.
