El 16 de marzo de 1892 nació uno de los más importantes autores de la poesía de habla hispana del siglo XX (y más), el peruano César Vallejo, renovador de nuestra poesía, entre otros aspectos, al introducir rasgos muy trasgresores (incluso en nuestros días, pueden ser incomprendidos por desconocimiento o por escrupulosidad verbal o literaria), tales como "incorrecciones" ortográficas, desarreglos sintácticos y lexicales, entre otros. Mas, lo relevante es la visión de vida que nos trasmite Vallejo a través de sus osados poemas, en la que lo formal se integra.
Mi propósito era ofrecer un homenaje al gran poeta, querido como pocos, pero las continuas y largas interrupciones del servicio eléctrico sufridas hoy fueron un óbice. Así que decidí escribir una microficción en su honor, hecha sobre papel a última hora. Queda pendiente mi texto interpretativo de su poesía.
El páramo es solitario como su frío, que se lleva adentro hasta la muerte. Ir de Santiago de Chuco a Huamanchuco, en el burrito (¡Ah, "Platero"!), con ese aguacero interminable que empapaba más que la ruana, fue mi viaje iniciático, que marcó el definitivo. Por esa luz oscura y fría quizás "Piedra negra sobre piedra blanca".
Me han preguntado tanto por el estilo de mis poemas, que califican de "irreverente" e "ilógico", y no sé qué decirles. A eso llegué por el placer de mi idioma, pero también por mi rebeldía ante las cortapisas convencionales, y animado por ese sentido "anormal" de mis significados de vida.
España y su guerra entre hermanos fue una herida profunda, que sigue abierta y canta en mi dolor. No aparté su cáliz y siento que ahora vuelve cada vez. Quizás me equivoqué en mucho, como todos, pero mi eje fue la solidaridad.
Ahora, en este frío o este filo, cuando la poesía camina por variados senderos en nuestro mundo, mis "huesos húmeros" se preparan para la partida, la vuelta a aquel nacimiento primero.