Este 3 de junio fue anunciado un premio que nos llenó de emoción: el XXIII Premio Reina Sofía a la Poesía Iberoamericana, uno de los más importantes del mundo hispano, otorgado a la poeta colombiana Piedad Bonnett. Nacida en el departamento de Antioquia en 1951, Piedad Bonnett tiene en su producción, hasta el momento, 9 libros de poesía y 7 novelas. Además, ha escrito textos dramáticos y ha sido columnista de crítica literaria en periódicos y revistas de su país y fuera de él. Se ha desempeñado por gran parte de su vida como docente universitaria de filosofía, literatura y arte en universidades colombianas. Antes de este galardón, su obra ha sido reconocida varias veces, por ejemplo: Premio Nacional de Poesía en 1994, Premio de Poesía Poetas del mundo latino en 2012, Premio de Poesía José Lezama Lima en 2014 y Premio de Poesía Generación del 27 en 2016.
En el veredicto del premio, el jurado hace una acertada consideración del valor de la obra de la escritora, al decir: "su poesía es accesible y ha sido capaz de convertir el dolor en arte. Es una voz actual de referencia en la poesía iberoamericana, con un trato elaborado del lenguaje que le permite acercarse a la experiencia vital con profundidad y belleza y a responder con humanidad a la tragedia de la vida".
Estas líneas sintetizan con precisión aspectos claves de la obra de Bonnet. Sin duda, el dolor y la tragedia la marcan sustancialmente, sea por el lado del desamor, de la muerte, de la violencia en su país. Así, el suicidio de su hijo —quien había sido diagnosticado de esquizofrenia— a los 28 años, lanzándose desde un edificio en Nueva York, dejó una herida profunda en su alma; a partir de esa experiencia escribió la novela Lo que no tiene nombre (2013). Pero también hay en ella expresiones de regocijo y satisfacción, de un delicado erotismo y de una discreta esperanza.
Me propongo darle una pequeña muestra de su poesía, sobre todo de dos de sus primeros libros: Nadie en casa (1994) y El hilo de los días (1995).
Soledad de dos
Suena la soledad de Dios.
Sentimos la soledad de dos. Y una cadena
que no suena, ancla en Dios almas y limos.
Blas de Otero
En las tardes lluviosas
en que las bombillas conquistan una a una su espacio desconsolado,
en las madrugadas traspasadas de suspiros,
de murmullos ahogados por los ruidos metálicos en las cocinas,
cuando entras en mi noche armado hasta los dientes
y colocas tu espada entre mi cuerpo y tu cuerpo,
cuando ya no es posible caminar, ya no es posible detenerse,
ya no es ni siquiera posible sentarse a soñar,
se oye la soledad de Dios,
sentimos el silencio de dos quebrando los sonidos del mundo.
Del reino de este mundo
Hablo
de la muchacha que tiene el rostro desfigurado por el fuego
y los senos erguidos y dulces como dos ventanas con luz,
del niño ciego al que su madre le describe un color inventando palabras,
del beso leporino jamás dado,
de las manos que no llegaron a saber que la llovizna es tibia como el cuello de un pájaro,
del idiota que mira el ataúd donde será enterrado su padre.
Hablo de Dios, perfecto como un círculo, y todopoderoso y justo y sabio.
La cicatriz en el espejo
Empotrado en la noche de la alcoba
el espejo
tiene la lucidez de los oráculos.
Sobre la superficie de su luna
la muchacha desnuda
va escribiendo los signos del deseo.
Abre a sus aguas duras los muslos, y en la sombra
del reflejo se busca, sorprendida.
Sobre el seno, como un pequeño oprobio,
brilla una cicatriz. Y pareciera
que en su mórbida carne adolescente
la muerte hubiera dado su primer dentellada.
Madre e hijo
El poeta
bebe el agua del Tigris y del Eufrates,
se desvela y a veces tiene caspa,
y en los salones tiene reservado su puesto
y los zorros lamen su mano antes de huir espantados
por el bronco sonido de su verso.
De púas, de cuchillos, es la piel del poeta
Con el despertar de la luz sangra la piel del poeta.
A veces, desalado, silencioso,
desierto de los pies a la cabeza,
anochece de bruces en su cama.
La envidia del poeta es amarilla,
su ilusión es azul como un cielo sin guardas.
A ratos a sí mismo se devora, se corta en pedacitos, se reparte,
se mira en el espejo, escupe, llora
sobre los baldosines de la infancia.
El poeta envejece, engorda, eructa,
y en ocasiones el poeta muere.
La poesía, que es inmortal, lo mira desde arriba,
ciega de luz y ajena como una estrella antigua.
Biografía de un hombre con miedo
Mi padre tuvo pronto miedo de haber nacido.
Pero pronto también
le recordaron los deberes de un hombre
y le enseñaron
a rezar, a ahorrar, a trabajar.
Así que pronto fue mi padre un hombre bueno.
(“Un hombre de verdad”, diría mi abuelo).
No obstante,
—como el perro que gime, embozalado
y amarrado a su estaca— el miedo persistía
en el lugar más hondo de mi padre.
De mi padre,
que de niño tuvo los ojos tristes y de viejo
unas manos tan graves y tan limpias
como el silencio de las madrugadas.
Y siempre, siempre, un aire de hombre solo.
De tal modo que cuando yo nací me dio mi padre
todo lo que su corazón desorientado
sabía dar. Y entre ello se contaba
el regalo amoroso de su miedo.
Como un hombre de bien mi padre trabajó cada mañana,
sorteó cada noche y cuando pudo
se compró a cuotas la pequeña muerte
que siempre deseó.
La fue pagando rigurosamente,
sin sobresalto alguno, año tras año,
como un hombre de bien, el bueno de mi padre.
De uno de sus últimos libros, uno dedicado a su hijo:
Último instante
En qué pupila
quedaste tu grabado para siempre
aún vivo
pero volando triste hacia la muerte
en el último instante, el cielo a tus espaldas.
Quien te lleva dentro de sí
como una pesadilla hacia la noche
o una anécdota, un puro escalofrío
que aspira a remansarse en la palabra.
Quién vio lo que no vi,
lo que tan solo
a mí me pertenece:
tú como un ave interna que se entrega,
oscura y sin plumaje,
derrotada.
La poesía habla por sí misma, se ha dicho y yo soy de los que creo en esa afirmación. De modo que sobran, en cierta manera, las palabras que pueda yuxtaponer a esos hermosos y emotivos poemas de Piedad Bonnett, cargados de tanta vida dolorosa y amorosa, de corazón y alma.
¡Felicitaciones a nuestra querida poeta!
Referencias:
Bonnett, Piedad (1998). Antología poética. Caracas: Fondo Editorial Pequeña Venecia.
https://es.wikipedia.org/wiki/Piedad_Bonnett
https://www.uexternado.edu.co/wp-content/uploads/2017/01/20-nadieCasa-PiedadBonnett.pdf
http://amediavoz.com/bonnett.htm
https://www.clarin.com/cultura/piedad-bonnett-premio-reina-sofia-poesia-iberoamericana_0_Feym1145Jv.html
https://elpais.com/cultura/2013/09/29/actualidad/1380480523_369538.html
https://www.elcolombiano.com/cultura/libros-de-piedad-bonnett-premio-reina-sofia-GJ24691968
