Hace unos días fue la fecha de muerte del escritor cubano Virgilio Piñera, fallecido el 18 de octubre de 1979. Perteneció a la generación de los más importantes escritores cubanos: José Lezama Lima, Cintio Vittier, José Rodríguez Feo, Eliseo Diego, Fina García Marruz, por nombrar solo a algunos.
Piñera, quien destacara en varios géneros literarios: cuento, novela y dramaturgia, fue también un gran poeta, aunque pasara un buen tiempo sin dar difusión pública a lo que produjera en ese campo. De su obra publicada en vida podemos resaltar, en teatro, Electra Garrigó (1948) y Dos viejos pánicos (1968); en cuento, El conflicto (1942), Cuentos fríos (1956) y “El que vino a salvarme* (1970); en estos dos géneros su producción fue más amplia, habiendo incluso varias publicaciones póstumas. En novela La carne de René (1952) y Presiones y diamantes (1967). En poesía, su primer libro fue Las furias (1941), luego La isla en peso (1943), que es un extenso poema de corte vanguardista, y La vida entera (1969).
Había sido un oponente a la dictadura de Batista, y luego al régimen castrista, aunque apoyara a la revolución cubana en sus inicios, como lo hicieran otros intelectuales que se desmarcaron luego de ella y fueran censurados y perseguidos, como sucedió con Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas, entre otros. Fue un crítico de toda sujeción ideológica y política, fustigador de toda pretensión de colocar al arte al servicio de una función propagandística, defensor de la libertad creativa, espiritual y moral. Sus amigos recuerdan su intervención en un congreso de escritores cubanos con autoridades del gobierno cubano en 1961; ese en el que Fidel Castro afirmó: “Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada”. Así cuenta Guillermo Cabrera Infante:
De pronto la persona más improbable, toda tímida y encogida, se levantó de su asiento y parecía que iba a darse a la fuga pero fue hasta el micrófono de las intervenciones y declaró: “Yo quiero decir que tengo mucho miedo. No sé por qué tengo ese miedo pero eso es todo lo que tengo que decir”. Era por supuesto Virgilio Piñera que había expresado lo que muchos en el salón sentían y no tenían valor de decir públicamente.
Piñera era homosexual, condición que no ocultaba, y la que, junto con su disidencia política, lo convirtió en un “contrarrevolucionario”, y fuera maltratado moralmente, marginado, censurado, prohibido, incluso fue detenido en 1964 en una redada policial. De esos años es el retiro de la vida pública intelectual asumido por Piñera, en un cierto ostracismo. Recibiría el reconocimiento de intelectuales extranjeros e incluso nacionales, que se atrevieron a apoyarlo y galardonarlo, pese a la posición del régimen cubano. Este, en los últimos años, producto de cierto “ablandamiento” en sus posiciones, ha intentado hacer ver que ha rectificado y legitimarlo. Virgilio Piñera ha sido rescatado, auténticamente, por los escritores cubanos de las nuevas generaciones, valorándolo como uno de los imprescindibles de la literatura nacional e hispanoamericana.
En el 2005 la editorial española Signos publicó, con el título de la edición de 1969, La vida entera, una antología de la poesía de Piñera entre 1937 y 1977, en la que se incluyen poemas de un libro inédito, La broma colosal, escritos en los últimos años de su vida.
Como señala el prologuista, José Joaquín Penalva, “es en su poesía donde encontramos al Piñera más personal y atormentado, al más dubitativo, oscuro y desilusionado”.
De ese libro reproduciré tres poemas, que comentaré brevemente.
Despedida
Si quieres confesarme yo te dejo
y tanto te diré que suplicante
pedirás no prosiga tanto horror.
Mi boca te dirá que en tiernos años
el dolor comenzó a hacer su lecho
en esta carne que ahora se despide
del escenario donde se improvisan
nuestros actos, escritos en el libro
indescifrable y vacuo de unos sueños
cuyas pesadas páginas un dedo,
lento y glacial vuelve implacable,
hasta que náusea y tiempo nos consumen.
(1945)
Con una fuerza existencial muy personal, pero decantada por un estilo de cierto tono clásico, se expresa una conciencia doliente, en despedida de su destinatario –quizás amoroso–, hurgando en el origen de ese dolor que lo embarga y casi condena en el tiempo.
***
Entre la espada y la pared
Entre la espada y la pared
a nadie le gusta situarse;
cuando se está en ese trance
la vida sabe a vinagre;
cuando tocas a una puerta
es la espada quien te abre,
si la palabra socorro profieres
su filo la despedaza,
formando con sus fragmentos
un monstruo incalificable.
Estás vivo y estás muerto,
estás despierto y soñando,
tiras para el lado vivo,
y el lado muerto te arrastra;
miras a tu antagonista
-que es el fiel de tu balanza-,
clamas porque no te pese,
pero él te pone en el plato.
Ya tu corazón es polvo
y tus entrañas espanto,
y mientras el cielo brilla
se oscurece tu retrato.
Después la pared se cierra
como un telón de teatro.
Ya tu acto se acabó.
Me voy a tomar un trago.
(1962)
Con aire irónico y grave, el hablante poético monologa dramáticamente consigo, a partir de una expresión común (“entre la espada y la pared”) que le permite aplicar el sentido paradójico, contradictorio, de la existencia. Consciente de que esta es un juego de contrarios (vida-muerte / vigilia-sueño, realidad-ficción), en la mentalidad propia del barroco (de allí el retrato, el teatro), termina cerrando su monólogo, quizás con ligereza quevediana, en la opción de un vivir el instante.
El hechizado
A Lezama Lima, en su muerte
Por un plazo que no pude señalar
me llevas la ventaja de tu muerte:
lo mismo que en la vida, fue tu suerte
llegar primero. Yo, en segundo lugar.Estaba escrito. ¿Dónde? En esa mar
encrespada y terrible que es la vida.
A ti primero te cerró la herida:
mortal combate del ser y del estar.Es tu inmortalidad haber matado
a ese que te hacía respirar
para que el otro respire eternamente.Lo hiciste con el arma Paradiso.
—Golpe maestro, jaque mate al hado—.
Ahora respira en paz. Viva tu hechizo.
(1976)
Piñera, quien fuera un cultivador del soneto, en la tradición española, escribe este poema en memoria del gran poeta cubano José Lezama Lima, con quien se reconcilió amistosamente después de que estuvieran enfrentados por mucho tiempo. Se los consideró como antagonistas, producto de sus formas de asumir la poesía. Algo de eso deja colar el hablante poético con un talante irónico innegable, a la vez que lúdico y honroso. Realza el carácter mágico que ha sido identificado en la obra del autor de esa extraña joya de la literatura en habla hispana que es su novela Paradiso, en la que el hombre Lezama se transfigura en ese Lezama otro que está en su producción literaria para eternizarse.
Referencias:
Piñera, Virgilio (2005). *La vida entera (1937- 1977) *. España: Edit. Signos. Huerga y Fierro Editores.
https://es.wikipedia.org/wiki/Virgilio_Pi%C3%B1era
Pueden leer más poemas de Piñera en estos enlaces 1, 2 y 3.
Recomiendo la lectura de estos artículos:
https://letralia.com/272/ensayo01.htm
https://elpais.com/elpais/2012/07/05/opinion/1341498797_617135.html