Nacido el 26 de enero de 1901 en la ciudad de Mérida (Venezuela), Mariano Picón Salas es uno de los intelectuales de habla hispana más relevantes del siglo pasado. Su maestría erudita fue muy amplia y se extendió por la historia de Venezuela, América y Europa, la cultura clásica y moderna, la literatura, la pedagogía, principalmente, todas esas áreas abordadas, de manera muy humanista, desde el género ensayístico, aunque también a través de la crónica, el periodismo y la novela, como, por ejemplo, en Viaje al amanecer.
Hace dos años, a propósito de los 120 años de su nacimiento, publiqué en #Hive un post en su honor (si están interesados, pueden leerlo aquí), en el cual me detenía en uno de sus ensayos más significativos, pues en él habla del ensayo cono género: “Y va de ensayo”. Esta vez dedicaré mi comentario a otro de sus ensayos más queridos por mí, titulado "Cultura y sosiego", del cual reproduciré fragmentos que considero de gran valor y que comentaré brevemente.
A partir de una experiencia con estudiantes de la Escuela de Pedagogía de la Universidad de Columbia, quienes promovían métodos de lectura rápida, Picón Salas, tomando distancia de esa propuesta y práctica, elabora un ensayo de una honda reflexión, que nos toca también en nuestros días y nuestro mundo. Veamos algunos de esos filones reflexivos de nuestro lúcido escritor.
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Con una concepción puramente informativa de la Cultura tan apresurados pedagogos pensaban que en un libro sólo pueden guardarse noticias como alimentos en el refrigerador, y olvidaban que el encanto de una buena lectura no consiste únicamente en la fórmula de conocimiento teórico que pueda ofrecernos, sino en otros valores espirituales más complejos.
Comienza el maestro por criticar esa visión que ve en las obras escritas solo un depositario de información, que, efectivamente, puede ser procesada de manera rápida, casi mecánica. No así –como expresa– “los caminos de reflexión y perplejidad”, “el combate interior, el drama espiritual que los autores vivieron”.
El buen leer consiste, así, no sólo en informarse y devorar conocimientos como el heredero pródigo que se sienta a hartarse de su herencia, sino en revivir y repensar, enriquecer, de nuestro trabajo y reflexión, la problemática que guarda toda obra maestra.
Lo que se presenta como mera información, como ajeno y externo al hombre mismo, como puro adorno y dato muerto para el espíritu, es lo que tiene menos validez en un proceso educativo. Es como si enseñáramos Literatura contando el argumento del Quijote sin leer a Cervantes.
Son muy significativas y pertinentes estas reflexiones de Picón Salas, quien fuera un dilecto educador, sobre todo en nuestro tiempo, donde somos atiborrados de información que, generalmente, no procesamos, solo consumimos sin digestión sana; tiempo en el que también priorizamos lo fácil, lo ya resuelto por otros, como ilustra en la última cita, adelantándose a una lamentable realidad que vivimos. Hablo desde mi condición de profesor de literatura, ya jubilado, que tuvo que enfrentarse a las trampas y autoengaños de estudiantes que no leían las obras sino las síntesis y análisis que encontraban en internet. No entendían que la lectura de la obra misma es insustituible.
Por ello es necesario el ocio, la ausencia de prisa, la entrega total a lo que se estudia, sin lo que el alto trabajo de la Cultura sería tan sórdido como una faena de esclavos.
En estas frases está la médula de la propuesta de Picón Salas: detenerse en apreciar la obra en su totalidad, pausada y paulatinamente. Con la superficialidad y velocidad que acosa el mundo actual, ¿quién podrá, entonces, saborear y repensarse en los Diálogos de Platón, en En busca del tiempo perdido de Proust o en los Cuartetos de Alejandría de Durrel, por nombrar algunas obras extensas?
El buen y sosegado leer del que no está cumpliendo ningún “récord” de páginas, de quien se complace en el secreto de una línea o una palabra, es uno de los más gratuitos goces de la Cultura.
El poder del gran arte literario es precisamente hechizar el espíritu sin ninguna obligada promesa de utilidad; darnos lo que no se necesita en la estrecha vida de los negocios, de la profesión, del empleo.
Estos dos fragmentos son sumamente elocuentes de la visión de Picón Salas. La lectura literaria (de cuentos, novelas, poemas, ensayos) o de filosofía y otras áreas del saber solo es posible hacerla auténticamente en la medida que “entremos”, nos “entreguemos” a esos textos, lejos de intereses meramente inmediatos.
(…) es necesario leer a los autores que murieron hace más de cincuenta años (anteriores, diría yo) para descubrir la sencilla verdad de que el mundo no comienza con nosotros y que muchos de los que llamamos pedantemente los “problemas contemporáneos” son cuestiones de siempre.
Esta reflexión del maestro es casi lapidaria. ¡Cuántos escriben y publican, y no saben que están “descubriendo el agua tibia”, simplemente por no ser lectores, o no tener un poco de humildad¡
Finalmente, este fragmento que no comentaré:
Calma, gracia, perfección, porque son virtudes que ese están perdiendo en el estrépito de nuestros días, debemos reaprenderlas en el ejemplo de los grandes maestros. Con la calma necesaria para leer, pensar y decidir, con la cortesía y las formas (…)
Referencias:
Picón Salas, Mariano (1983). Viejos y nuevos mundos. Caracas: Biblioteca Ayacucho.
https://es.wikipedia.org/wiki/Mariano_Pic%C3%B3n_Salas
En este enlace pueden acceder al ensayo completo.
Gracias por su atención.
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