La vida resultaba más fácil cuando no padecía de esta terrible enfermedad. Ni siquiera logro apoyar bien mis pies en el suelo. Los ojos se me han puesto viejos y solo alcanzo a ver de forma borrosa algunos objetos de la casa. Me he resignado a vivir pegado a este sillón de ruedas. Ayer intenté hacer algunos ejercicios de los que me habías dicho y la verdad, a penas logré mover libremente mi hombro derecho. He vivido momentos mejores Ernesto, no creo que la vida me acompañe ahora cuando todo me va en descenso. Siempre pensé que llegaría a viejo, lo que nunca imaginé que fuera tan lastimoso.
No me canso de pensar que pude terminar con mi vida aquel domingo y no lo hice. Sé que me costará eternamente, aunque tendré por claro que fui lo que pude y no logré hacer lo que creí mejor. Hoy me pierdo en el difuso recuerdo de una soga que cuelga de la viga oxidada de un techo. No sé si me comprendes y quizás hubiese sido mejor para mí que no conocieras esta historia. Te pido que perdones mi ligera demencia. La sangre que pude verter hace ya un tiempo, es la que hoy derramo a lentitud con sabor a infortunio.
Anoche no pegué un ojo Ernesto, ¿sabes cómo me siento? De seguro que no querrás escuchar estas palabras pero de nada sirve tragarme esta tachuela molesta. El cuchillo está amolado, da muerte a este pobre infeliz que no hace más que padecer en silencio. ¿Mi amigo? Estoy seguro que no te importo ni un poco siquiera, si así fuera agarrarías el cuchillo y me lo hendieras con violencia. No sabes nada de mí, no tienes presente que no quiero seguir pensando que puedo mejorar. Nadie se le ha escapado a la muerte y siento sus garras por todo mi cuerpo. ¡Agarra el cuchillo! ¡No seas pendejo! ¿O no tienes piedad de mí? ¿Quién te habrá explicado en qué consiste la vida Ernesto? ¿Qué mal concepto habrás aprendido? No sabes que morir en el preciso momento es más valioso que padecer a destiempo. Cuándo vas a entender que ser valioso depende de muchos factores. Agarra el encabado y haz lo que tu conciencia te dicte. Piensa que ya no te hago falta. Recuerda que un demente lisiado de poco te sirve.
Si no fuera por estos nudos que me han hecho, ya me hubiese quitado el alma de un solo golpe, eso te lo prometo Ernesto. Déjame solo, vete, largo de aquí, no quiero verte, siempre he odiado a los cobardes. Toma, lleva el cuchillo contigo, agárralo pronto gallina que se cae de mi mano. No comprendo cómo pueden quedar pencos como tú.