
En un país lejano, donde solo reinaba el invierno, vivía una niña llamada Eira que soñaba con plantar flores en su jardín y suspiraba de pura melancolía al ver la nieve caer todos los días.
Una noche, antes de dormir, Eira miró por la ventana de su habitación y deseó que al día siguiente el sol derritiera la nieve para poder sembrar flores.
—Yo puedo ayudarte con eso —dijo una vocecita a sus espaldas.
Eira brincó del susto y al voltear miró con asombro a un hada que estaba sentada al borde de la cama.
—¿Y qué tengo qué hacer? —preguntó.
—Solo tienes que ir al bosque, buscar la única flor que crece en estas tierras y sembrarla en tu jardín.
—¿Al bosque? Pero sí ahí vive la Bruja del Cuerno.
—No hay otra manera —dijo el hada y desapareció.
Eira se acostó a dormir recordando las historias que había escuchado sobre la bruja. Los habitantes del pueblo decían que era tan horrible que ningún hombre se atrevía a mirarla. Pero también pensó que una flor como aquella, capaz de crecer durante el invierno, debía ser la más hermosa de todas.
Al día siguiente, le dijo a sus padres que daría un paseo por el pueblo y fue directo al bosque. Caminó durante horas, rodeada de enormes pinos, mientras el viento ululaba entre las ramas, hasta que llegó a una vieja cabaña.
—¡Ay de mí! —gritó una mujer desde el interior—. ¡Nunca me libraré de esta condena!
La puerta de la cabaña estaba entreabierta. Eira se asomó al interior y miró con espanto a la bruja arrodillada en medio de la sala. Era tan fea como decían: tenía un cuerno grotesco en la frente, las uñas de las manos largas, la piel color ceniza y vestía harapos negros y sucios. La pobre estaba llorando.
Eira se compadeció de ella y abrió la puerta.
—Disculpe, Sra. Bruja. ¿Por qué llora?
La bruja secó sus lágrimas y la miró sonriente.
—Hace muchos siglos, fui condenada por mi belleza a vivir bajo una horrible apariencia hasta que un humano pudiera verme con buenos ojos. Gracias a tu compasión, puedo ser libre nuevamente.
El cuerpo de la bruja comenzó a cambiar, envuelto en una luz blanca y se convirtió en un bello unicornio.
—Mi nombre es Edelweiss —dijo relinchando de alegría.
—Y yo soy Iclyn —dijo el hada apareciendo mágicamente en la sala—. Lamento haberte mentido; era la única forma de que vinieras. Sabía que tu piadoso corazón libraría a mi amiga del hechizo. Gracias a ti y a la magia que has liberado, terminará el largo invierno y las demás estaciones volverán.
Eira se alegró al escuchar aquellas palabras. Edelweiss salió al bosque y corrió entre los pinos derritiendo la nieve a su paso.
Los colores de la primavera llenaron de alegría al país; aunque todos se preguntaban qué había pasado. Eira pudo sembrar flores en su jardín y vivió feliz junto a sus nuevos amigos del bosque.
Esta es mi entrada al Concurso de minicuentos: “Cuentos maravillosos para niños y adolescentes”, en honor a Wilhelm Grimm, organizado por Literatos, comunidad que impulsa el ejercicio de la creación literaria en español en #Hive.
El título, las palabras de agradecimiento y el banner fueron creados por mi en Photoshop CS6.
Los dibujos son de mi autoría, realizados a mano (rápidamente porque tardé en escribir la historia) y editados en Photoshop CS6.
A continuación les comparto las fotos de los bocetos originales, tomadas con mi Samsung Galaxy A10.