¡Hola, queridos Hivers!!
Soy bastante nuevo en Hive, de hecho, aún estoy gateando en esta plataforma, pero en la literatura ya poseo un rodaje considerable, por lo que les quiero regalar algunos consejos para mejorar la escritura artística.
Mi querido amigo me reprochaba no haberlo aconsejado lo suficiente en los momentos de su iniciación. No creí que él lo necesitara (la verdad, es muy talentoso), pero yo tampoco recibí demasiadas ayudas y quizá el aprendizaje tortuoso es algo por lo que todos tenemos que pasar, de una forma u otra. Como sea, aquí les van estos tips para escribir mejor. Son los que le habría regalado a
, y los que me habría gustado que alguien me regalase a mí.
Todas las rutinas están bien (y todos los soportes, también).
En plena tercera década del siglo 21 (no puedo creer lo rápido que se va el tiempo) la tecnología nos brinda una ayuda tremenda a los escritores. Pero si eres de esos que gustan hacerlo a la antigua, en soledad, a mano, bolígrafo y papel, pues está muy bien. Si te resulta más fácil digitalizar directamente lo que escribes, perfecto. ¿En el cel? Maravilloso. ¿Con una taza de café o té? ¿En soledad? ¿Con incienso? ¡Fantástico!
Cada uno de nosotros tiene un “gatillo” diferente, o sea, un ambiente motivador que nos empuja a escribir, e incluso horarios preferidos para hacerlo (ya te despertará la musa en las madrugadas, tranquilo... y más vale que le hagas caso porque si no te perderás de cosas geniales). Cuando conozcas tus “gatillos” aprenderás a respetarlos, e incluso a provocarlos y prepararlos.
Sé breve.
Decía el escritor español Baltasar Gracián: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. La brevedad, el poder de síntesis, es una virtud poderosa. “No hay talento más valioso que el de no usar dos palabras cuando basta una”, dijo Thomas Jefferson, y llevaba muchísima razón.
Define bien qué es lo que quieres escribir.
Cada género tiene sus usos, sus maneras de hacer. Si vas a escribir poesía, que sea poesía. Si te inclinas por la narrativa, pues narrativa. No mezcles géneros literarios, a no ser que tengas mucha experiencia (incluso escritores muy curtidos, frecuentemente evitan hacerlo).
En caso de decantarte por la poesía, deberás aprender un sinnúmero de reglas (pero tranquilo, no te asustes), pues las rimas son una cosa y el verso libre es otra. Y es de muy mal gusto y pésimo resultado mezclar ambos estilos.
Aprende las reglas, para después romperlas.
Esto parecería un contrasentido del consejo anterior, pero no lo es. Cada aporte innovador en cualquier terreno de las artes, se ha hecho rompiendo las reglas existentes. Pero los artistas que las han roto las conocían a la perfección. Picasso era capaz de pintar como Da Vinci (o casi), pero le tomó años deconstruir su estilo y transformarlo en algo diferente. Las reglas están para romperse, pero solo agradecen ser rotas por alguien que sepa muy bien lo que hace.
Huye de los adjetivos como del demonio.
Un error muy frecuente en escritores principiantes es atiborrar de adjetivos cuanto sale de sus manos. Los adjetivos son un recurso que brilla más cuanto menos se usa, o cuando se usa bien, que al caso es lo mismo.
El profesor Eduardo Heras León, maestro de la narrativa corta en Cuba, aconsejaba a sus alumnos este ejercicio: escribir un cuento corto y evitar usar adjetivos, para luego en la última oración del cuento usar un único adjetivo, muy bien seleccionado. El efecto es tremendo: ese adjetivo parece brillar entre las demás palabras. Te animo a que lo intentes.
Lee mucho.
No se hace un escritor sin lectura, es una verdad absoluta. Desde la supuesta invención de la escritura por los sumerios, hace más de seis mil años, se ha escrito tanto en el mundo, en tantos idiomas y géneros literarios, que resulta casi imposible ser innovador o descubrir algo diferente. Y si no lees mucho, corres el riesgo de creer que has escrito algo nuevo, cuando muy probablemente alguien se te adelantó por décadas o incluso siglos. Por eso, lee cuanto puedas y cuando puedas. Te hará mucho bien.
Amplía tu vocabulario.
Este consejo se relaciona muchísimo con el anterior. Mientras más lees, más crece tu arsenal de palabras. Imagina las palabras como bloques de construcción: mientras más variedad de bloques tengas a tu disposición, mayor variedad de edificios podrás construir. Y, sobre todo, aprende a usar sinónimos. Es muy útil.
No exageres con la amplitud de vocabulario.
Hay una línea divisoria entre usar un vocabulario amplio que te haga ver como alguien muy culto, y usar palabras tan extrañas y difíciles que obligues a tus lectores a ir por un diccionario a cada momento. Evita lo segundo, o acabarás cansando a quienes te leen y correrás el riesgo de que ni siquiera lleguen al final.
Usa la “regla del gavetero”.
Es un método muy común entre poetas, pero se puede aplicar a todos los escritores: cuando escribas algo, guárdalo en una gaveta y no lo saques hasta dentro de al menos cuatro o cinco días (una semana es lo ideal). Si al cabo de ese tiempo al releerlo lo consideras valioso, habrá pasado la “prueba del gavetero”. Y seguramente será algo que valdrá la pena publicar.
Cree en ti mismo.
Cuando tengas entre tus manos algo que hayas escrito, que sea único y maravilloso, no creas que las puertas se abrirán mágicamente... de hecho puede suceder lo contrario. Más de diez casas editoriales rechazaron publicar Harry Potter. Se cuenta que la editorial Seix Barral rechazó publicar superventas tan exitosos como Cien Años de Soledad o las geniales historietas de Mafalda. Sin embargo, hoy son archifamosos los nombres de J.K. Rowling, García Márquez y Quino. ¿Por qué? Simple: nunca dejaron de creer en sí mismos.
Tú eres el mejor embajador de tu obra. Mientras más fe tengas en ella y en ti mismo, más lejos llegarás.
(Todas las imágenes extraídas de Pixabay.com)