Cuando me ponga los dientes.
Me voy a ver muy bonito
y alegre entre los presentes,
pues me pegarán un grito
cuando me ponga los dientes.
Estoy en ese proceso
para así lucir mejor
y cuando esté de regreso
me verán de otro color.
Claro que toda sonrisa
saldrá sin ningún problema
y le recitaré a Elisa
muy de cerca algún poema.
En este instante me asiste
en la mágica ocasión
reírme de cualquier chiste
aunque no tenga sazón.
Voy a lanzar carcajadas
con la única intención
de atraer a mí miradas
en nueva presentación.
Para todo he de reír
sin reparo y miramiento
y los hará confundir
mi nuevo comportamiento.
Ya sin la mano en la boca
soltaré mi risotón,
y a lo que a mí me provoca
reír voy a dar acción.
Si alguien me llega a mirar
que a solas me animo un poco,
seguro va a preguntar:
¿De qué te ríes, mi loco?
Me pasaré todo el día
luciendo mi nuevo aspecto
porque toda mi alegría
saldrá de modo directo.
Me pararé en las esquinas
sonriendo como modelo
y mis piezas blanquecinas
alumbrarán como el cielo.
Mi timidez dirá adiós
entre giros refulgentes,
y daré gracias a Dios
¡¡¡cuando me ponga los dientes!