Pálida, tierna y hermosa.
En verdad, yo no sabría
definir cómo es la cosa,
ni distinguir si era rosa
o mujer en la ambrosía
porque a mí me parecía
pálida, tierna y hermosa.
Pálida, pues se ponía
blanca, inquieta y azarosa
cuando de forma impetuosa
ante ella me aparecía,
y en su palidez había
una blancura pasmosa.
Tierna, porque se veía
reservada y silenciosa
con su apariencia de moza
que una inhibición sentía,
y eso a mí me convertía
el alma en suave y dulzosa.
Y hermosa, pues traslucía
una imagen muy preciosa
de esas que tiene una diosa
de antigua mitología,
y verla siempre querría
¡¡¡pálida, tierna y hermosa!