A Adalberto Hechavarría eres el mejor.
A mi esposa con cariño.
Este espacio longevo
donde habito,
es un encierro,
o es la vida riéndose,
de amaneceres y esperanzas.
Piedras en ubicua necesidad
de manzanas de adornos y clavos
en la pared sin nada para mostrar,
la dura realidad es otro cuadro.
La enseñanza es ese vacío que nos queda.
A veces nos empequeñece y nos dejamos
la piel sobre el verde.
si pudieras lavarme con agua de mar
ensuciarme un poco los poros y dejar
para siempre tu olor,
entre los mangles como cuando
teníamos una ilusión de vivir
un recuerdo para aferrarnos
y un niño entre los dos.
Pero eso sería una mentira,
mi venganza
o una triste tormenta interior.
Arrasando, arrazando.