En un pequeño y no muy conocido pueblo, se reúne una familia muy particular, su apellido es Bennet. No son particulares por sus bienes y tampoco por sus logros, es más bien, por su familia en pares.
Hay algo que no pasa desapercibido a los ojos de los demás; su anual campeonato de bromas navideño.
Todos contra todos. ¿Equipos? Sus gemelos.
Hasta que, Marie, una de las esposas de la familia Bennet hizo historia en la familia. Ella tuvo tres embarazos; los primeros dos fueron un par de gemelas y un par de gemelos, pero el tercero fue lo impensable en la familia... tuvo una hija. Una niña con todos los rasgos de la familia Bennet, a excepción de su gemela.
¿Quieres saber más acerca de la familia Bennet, sus extrañas tradiciones o su trato ante la pequeña sin gemela?
Traeré un capítulo cada domingo 😊
🤗 | Capitulo 1: Par de traidores
—¡Apúrense, pues, nos vamos! —escuche gritar a mi mamá desde la entrada de la casa.
Estamos a punto de irnos a la casa de los abuelos maternos para celebrar navidad y año nuevo con toda la familia, pero los pares no dejan de gritar.
Gritan desde cualquier lado de la casa hacia cualquier lado
—¡Mamá, Crisbel se llevó mi maleta de ropa!
—¡Es la misma maleta, Cristal! —Responde mi madre con un tono divertido desde la entrada.
Pero los peores gritos vienen del par de chicos
—¡Papá, Cristofer se llevó mis hisopos!
—¿¡Nuevos o usados!? —Respondió está vez mi padre con su tono divertido.
Siempre es así que nos vamos de vacaciones, pero lo más frustrante es que no lo dicen en serio. Sólo se divierten gritando a los cuatro vientos lo que se les antoje haciendo referencia a sus gemelos.
Por mi parte ya estaba en el auto, repasando que estuviera todo en mis maletas.
—¡Vámonos! —Gritaron al unisonó mis padres sorprendiendo al gato que estaba pasando delante de la casa.
Lo siento mucho, gatito.
Mi padre salió para abrir la cajuela del carro, con el par de gemelos detrás de él, para tirar las maletas y buscar asiento dentro. A lo que todos salieron mi madre apagó las luces y cerró la puerta.
Mis padres; Simón y María, subieron a los asientos del conductor y copiloto respectivamente. Luego las gemelas; Crisbel y Cristal, seguidas por los gemelos de 17 años.
—Amor, siento que se nos olvida algo —preguntó mi madre cuando entrabamos al pueblo, luego de seis horas de camino.
¡Nuevo record de menor tiempo! Menos mal esta vez no me dejaron dormida
—No lo sé cariño, luego de que tiraran sus maletas en la cajuela todos subimos —respondió mi padre.
—¿Lo hicieron? — se escuchó un "Si" general de los pares, pero yo no quería hablar.
Mis padres se miraron dudosos y luego abrieron los ojos gritando—¡Alma!
Los pares y yo comenzamos a reír porque no era la primera que pasaba. Cada viaje era lo mismo, pero a veces no corrían con la suerte de que yo esté en el último asiento.
—¡Acá estoy, despistados! Agradezcan a los pares porque de ellos fue la idea de que entrara antes —Mis padres voltearon pero rápidamente volvieron su vista al camino con una sonrisa, las gemelas me lanzaron un beso y los gemelos un guiño.
Mi relación con los pares era muy buena, en general. En el colegio, a pesar de que yo esté un curso abajo de ellos, nos llevamos muy bien. Nuestra relación se basa en mi como su mente maestra para las bromas y ellos como mis ángeles guardianes de problemas. Pero en la casa es una guerra de todos contra todos, a veces hacen alianzas con sus gemelos y son dos pares contra mí.
Del mismo modo, la relación con nuestros padres es muy buena. A veces, se unen a nuestras bromas y otras nos regañan, pero siempre es con amor. Ellos son muy comprensivos y cariñosos.
—Cristal —La llamé y ella volteó— ¿Cuánto falta?
—No lo sé. Crisbel —Ella volteó— ¿Cuánto falta?
—No lo sé. Cristián —Él volteó— ¿Cuánto falta?
—No lo sé. Cristofer —Él volteó— ¿Cuánto falta?
—No lo sé. Mamá —Ella volteó— ¿Cuánto falta?
—No lo sé. Amor —No volteó—. Amor, amor, amor, amor.
—¡¿Qué?! —grito riéndose.
—¿Cuánto falta? —pregunto con la misma sonrisa.
—Cinco minutos, amor
—Cinco minutos, Cristofer —dijo mamá.
—Cinco minutos Cristián —dijo Cristofer.
—Cinco minu... —comenzó a decir Cristián hasta que lo interrumpí.
—¡Si, ya escuchamos! —dije con voz elevada.
—¡No me interrum-! —grito Cristián.
—¡No grites, Cristián! —grito Cristal.
—¡No interrumpas a mi copia! —grito Cristofer.
—¡No le grites a la mía! —grito Crisbel.
—¡No griten! —grito mamá.
Todos empezamos a gritar unos contra otros pero luego papá dio un frenazo que nos sorprendió a todos.
—¿Quién comenzó con los gritos? —pregunto con malicia en la voz.
Yo confío en mis hermanos…
Sé que estamos juntos en esto...
Este es el momento en que pongo toda mi confianza en ellos…
Porque diremos que fuimos todos o ninguno.
—¡Ella! —dijeron los pares al unísono.
¡TRAIDORES!
—Vaya, vaya. Alma, temo que tendrás que caminar hasta la casa de los abuelos. ¿Recuerdas el camino? —Asentí— Pues bien. Baja.
Estaba en shock. Me delataron. Esto no se quedará así. Saque mi mochila, baje con la mirada en alto y mi mochila en la espalda. El auto arranco y me despedí con la mano.
Vi la biblioteca y supe que faltaban diez minutos a pie, pero ya que estaba por aquí decidí buscar un libro.
Al pasar por las puertas percibí un olor a menta y canela, una gran decoración y los infaltables signos navideños; El árbol de navidad y el pesebre.
Aspiré todo el aire que podía, “ya huele a navidad”.
—Ni que lo digas —dijo la voz de un chico detrás de mí, no me sorprendí porque conocía la voz.
—¡Luis! —Me volteé sin verlo y lo abracé al parecer había crecido un poco. El año pasado éramos de la misma altura pero ahora mi frente daba a su mentón— ¡Tanto tiempo!, te extrañe —
Fue lo último que dije antes de separarme.
—Yo también —dijo depositando un beso en mi frente—. Te quedaste chaparrita. ¿Ahora si te puedo llamar enana? Yo creía que llegabas mañana en la madrugada —Caminábamos a mi sección de libros favorita, y donde seguramente estará Megan, historias clásicas.
—Ni idea, ellos quisieron llegar antes. ¡Megan! —susurre eufóricamente y solté mi bolso al piso cuando vi a la bibliotecaria.
—¡Pero si es Alarma! —Los tres reímos— Me alegro que hayas llegado, ya me comenzaba a aburrir de estar sola —Luis emitió un "Ey" que fue ignorando— ¿Trabajaras aquí, verdad?
—Claro, pero por ahora sólo me llevaré El Principito —Lo buscó y me lo extendió—. Muchas gracias, nos vemos mañana.
—Megan, yo voy con ella. Recuerda cerrar y llevar la llave contigo —dijo Cameron mientras caminábamos hacia la salida con mi bolso en su hombro.
—¡Nos vemos mañana! —dijo Megan desde la puerta de la biblioteca.
Estuve caminando y leyendo mientras sostenía un cordón que lleva mi bolso.
—Cuidado —Intento advertirme de una piedra, pero ya había chocado— Otra —Volví a chocar.
—¿No sería mejor que avisaras antes? —pregunte guardando el libro en mi bolso para leerlo en la noche.
—¿No sería genial verte caer? —preguntó haciéndose el gracioso— Hoy no podrás leer.
—¿Por qué no? —Imagine mil razones irreales para no leer.
—Te olvidaste de la tradición —dijo y por dentro me abofetee por olvidarlo.
—No, no, no. Como puedes creer que lo olvidaría o algo así —mentí piadosamente. Pero en serio… ¡¿cómo pude olvidarlo?!
—No me mientas. ¿Lo olvidaste? —Asentí.
—¿Cómo te diste cuenta? —Pregunté realmente curiosa porque yo miento muy bien.
—Porque eres mi Alma gemela —dijo mientras me guiñaba—. ¡Yo tengo el sombrero seleccionador! —Con una risa le seguí para buscarlo.
—Bien pero vayamos a la casa de mis abuelos porque sino los pares me matan o peor… se matan entre ellos —dije antes de que se fuera corriendo a buscarlo.
Asintió y comenzamos a caminar en silencio, otra vez.
Seguramente este pensando en películas para agregar al sombrero seleccionador.
Si, lo sé, créditos a J.K Rowling por el nombre, pero no es un sombrero como el de ella.
¡Ojala lo fuera!
El nuestro es un sombrero viejo y desteñido que nos regalo una señora desconocida que encontramos el día en que Luis y yo nos conocimos.
¡Éramos niños y a demás nos sentíamos como Kevin, el niño de Mi Pobre Angelito, en la segunda película!
Mi Pobre Angelito, una buena película de 1990. A demás de ser la favorita y tradicional de la familia Bennet. Sin esa película no es navidad, es tradición verla cada año con una pizza y todos tirados en la sala de la casa de los abuelos.
¿De qué hablaba? ¡Ah, el sombrero! Tiene muchos papelitos con nombres de muchas películas navideñas y cada año se agregan más. Luis y yo nos consideramos los mayores fanáticos de las películas navideñas en todo el mundo.
Ya solo faltaban dos cuadras, para comenzar oficialmente las navidades al puro estilo Bennet.