Imagen de Lukas Baumert en Pixabay
Hice mil conjeturas de la vida,
supe vivirla siempre a mi manera.
Hoy, rumbo a mi última morada,
voy con la alforja acuesta de mis años
cargada de experiencias muy preciadas.
No quiero arrepentirme de lo hecho
aunque me apunte el dedo inquisidor
me puedo desgarrar en el intento
y no valdrá de nada mi dolor.
Ahora que la marcha se hace lenta,
que en cada hueso hay frío del camino,
me sentaré si llega la fatiga,
pues no me apura llegar a mi destino.
Cuando se cierre tras de mí la puerta
y el cuerpo sea al polvo retornado
si errante, el alma, se perdiera en lo eterno
espero que el perdón me llegue cuando
la lumbre del candil, aún, siga brillando.
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