Solo con su pasado
Refunfuño como un viejo amargado y sin deseos de vivir. No daba chance de reflexiones, ni de arrepentimientos. ¿Para qué? Se preguntaba a veces. Si ya nada tenía sentido. Todos se habían ido y lo olvidaron. ¿Adónde se fueron esos días felices?
Su esposa e hijos emigraron y nunca quiso saber más de ellos. Soberbia, quizás. Hace años que no recibe cartas. Solo con su pasado. Toda una vida acumulando dinero y riquezas. Esa mañana el frío le entumecía los huesos. Reconoció que se había desviado del camino y de sus seres queridos. La ráfaga de brisa le hizo tambalear. No debía titubear ahora.
Su machismo le impidió ver la realidad y aceptar que su hijo Luis, era raro. Detrás de él se fueron los demás. Olvidó hasta quién era por las ansias de poder. Recordaba la frase de su tía Raquel: “Ríe, te vas a quedar solo pendejo y sin dinero”.
Se fue alejando, poco a poco, de todos. Ni siquiera tuvo tiempo de mandar un mensaje de felicitaciones y decirle a su madre que la amaba. Un día decidió romper como todo ya que él no necesitaba afectos. Desde el ventanal olía el delicioso café de la vecina. Para él era un reloj. A esta hora, sin falta, la señora encendía la cafetera. Recordó sus años de infancia, su familia y sus padres. La sonrisa de su madre, que nunca volvió a ver, ni siquiera cuando falleció.
Una infancia feliz, donde el mar y bucear era una de sus mayores alegrías. La sensación de bienestar cuando se metía en el mar, y luego el calor del sol que secaba su piel al salir de ella, era placentero. Evocaba la casa, en lo alto del risco, el muelle, los anzuelos, la caña de pescar y el bote. La bodega del Sr.Rufino, las arepas raspadas y el sancocho de pescado. De repente una lágrima brotó de sus mejillas. Era demasiado tarde, se había quedado solo con sus recuerdos.
Años después, llegaron las responsabilidades, el matrimonio y los hijos. Buscó en su memoria los días alegres y felices con su familia, pero no los encontró. Se justificaba por no haber tenido tiempo para dedicárselo. Siempre tenía un pretexto, para ellos. Les decía: "Cuando me jubilen, nos iremos a disfrutar del fruto de mi esfuerzo".
Muchas veces su familia lo necesitó y no tuvo tiempo. Se quedó solo con su pasado, con dinero, pero sin la familia. Todo comenzó porque no quiso aceptar los gustos raros de su hijo. Su opinión y actitud fueron puestas en tela de juicio, y todos le dieron la espalda. Se quedó solo en la casa grande y fría. Se llevaron las alegrías y esperanzas. Ernesto siente que le duele el alma. ¿Qué hizo él cuando ellos le necesitaron?
Dio la vuelta, hizo un nudo en la soga y la lanzó al techo. Solo con sus recuerdos. Él se cuestionó su proceder, pero era tarde para rectificar. El tiempo implacable le pasó factura. ¿Dónde están los amigos con los cuales celebró los éxitos? Ni siquiera se pregunta si algún día fue feliz, porque ya de antemano conoce la respuesta. Lo tuvo todo y tuvo nada, porque no había nadie que de verdad lo amara a su lado para celebrar.
Solo con su pasado… Como un autómata se subió a la silla, en ese preciso momento, el ring del teléfono le hizo volver a la realidad. En la pantalla, vio el número, y se dijo para sí:
-“Está equivocado”, volvió a subirse a la silla titubeando.. El insistente repicar hizo que dejara lo que estaba decidido a hacer.
Tomo la llamada, y una voz melodiosa le dijo:
-“Papá, te extraño”.
Ernesto miró el techo y la soga. Desvió su mirada hacia la ventana y sintió los rayos del sol, de un nuevo amanecer y se llenó de esperanzas.
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Las imágenes para el diseño del banner y de los separadores fueron capturadas y editadas en CANVA.