Poco a poco, el templo se fue vaciando. Fabrizzio estaba pensativo, sentado en uno de los asientos de la columna del norte mientras Jack observaba los objetos dispuestos en todas partes, con la misma curiosidad como si fuera la primera vez que visitaba aquel exótico lugar.
Cuando solo quedaban los dos, Jack se acercó al maestro para comentarle que era tiempo de regresar pues ya debía ser bastante tarde. Fabrizzio consultó su reloj de bolsillo y comprobó la hora, eran las tres de la madrugada, después miró al muchacho y le dijo que el tiempo era irrelevante pues le urgía hablar con él.
Jack lo miró con un gesto confundido, pero luego abrió los ojos como platos, creyendo tal vez haber cometido un error en plena tenida y por lo tanto ser merecedor de algún reproche. Sin embargo, el hombre lo tranquilizó diciéndole que ese no era el motivo de la conversación. Jack respiró aliviado entonces, pero no retiró la mirada de Fabrizzio, quien ahora se había levantado del asiento para caminar lentamente por la habitación, siempre dándole la espalda.
—Jack, ¿has notado el gran parecido entre nosotros? —preguntó con suavidad.
—Por supuesto, Monsieur —respondió Jack con una sonrisa—, tenemos tanto en común, ambos somos fuertes, solemnes y decididos.
—No me refiero a eso, muchacho —rebatió Fabrizzio.
Su tono de voz cambió de suave a severo.
—Si me basara en esas características, definitivamente no encontraría ningún parecido entre nosotros.
El muchacho tragó saliva, comprendiendo que debía guardar silencio.
—¿Recuerdas cuando nos conocimos en tu país?
Jack asintió.
—¿Y también recuerdas la conversación que tuviste con tu madre ese día?
Jack se quedó pensativo. En aquella ocasión, ella le había dicho que le presentaría a alguien especial que sería el encargado de su bienestar económico...
La familia Robinson, cuya fortuna había logrado gracias a la producción de vino, cayó en bancarrota por una mala inversión que hizo el padre de Jack. El fisco les arrebató casi todas las propiedades, incluyendo los viñedos y la enorme mansión donde vivía la familia, así que, con lo poco que les quedaba compraron una casa más pequeña y modesta, ubicada en los suburbios de Londres. El señor James Robinson, padre de Jack, que era abogado, con suerte logró conseguir un empleo en la empresa de un antiguo cliente.
A Jack le pareció estar viviendo una pesadilla, se sentía terrible. Nunca quiso ir a la universidad, en cambio se dedicó a gastar la fortuna familiar en cabarets y fiestas estrafalarias. No poseía ni la experiencia, ni el conocimiento de James en cuanto a vinos, pero ahora estaba obligado a hacer algo productivo con su vida. Cuando le ofrecieron un trabajo como recadero en las oficinas de la misma empresa donde trabajaba James, casi se descompuso debido a que, según su criterio, alguien como él no podía rebajarse al nivel de trabajar para otra persona. Posteriormente, luego de tanta frustración, recordó que sí poseía un talento especial después de todo, que era montar.
Aprendió a cabalgar desde los siete años, su familia no solo cultivaba uvas y producía vino, sino que también solía criar algunos caballos que igualmente perdieron con el fisco.
De pequeño, Jack aprendió todo acerca de los caballos, tuvo profesores de equitación, polo y cricket, y lo hizo tan bien que pronto se convirtió en un campeón, llegó incluso a participar en importantes torneos junto a miembros de la realza, de modo que, al verse en la necesidad de trabajar, lo hizo en lo que más le apasionaba, el mundo ecuestre.
Consiguió trabajo como profesor de cricket y entrenador de caballos de exhibición, esto no le devolvería la fortuna perdida, pero al menos lo sacaría de la depresión en la que estaba inmerso. Luego, cuando Fabrizzio le hizo la propuesta de trabajar en su compañía itinerante, Jack dudó al principio pues nunca se vio a sí mismo como cirquero, sin embargo más tarde accedió, cuando advirtió que su sueldo sería muy alto y que su futuro jefe era un hombre de mucho poder económico, además, en el circo podría volverse una estrella del espectáculo, la oferta era demasiado tentadora como para rechazarla.
—¿Tus padres jamás te contaron acerca de tu origen? —continuó indagando Monsieur Buonarotti allí en el templo.
Entonces Jack, intrigado, recordó que una vez logró escuchar una conversación entre su madre y su nana. Ellas rememoraban el momento en el que él llegó a sus vidas una mañana de abril. Recordaban como lo habían llevado a la puerta de la casa, envuelto en pañales.
En ese entonces, Jack se sorprendió al escuchar la revelación y sin pensarlo dos veces les dijo, con lágrimas en los ojos, que necesitaba escuchar con detalles esa historia. Las mujeres, al verse descubiertas, no les quedó más remedio que contarle la verdad.
Un caballero rubio había llegado hasta la residencia para entregarle su pequeño a la señora Robinson y, pese a no estar mal vestido, ni parecer un pordiosero en lo absoluto, dijo no contar con dinero suficiente para mantenerlo, que su esposa había muerto cuando dio a luz al bebé, y que él a duras penas podía correr con los gastos del sepelio.
Al oír la historia de su verdadero origen, Jack se sintió devastado ya que el hecho de no llevar la sangre Robinson representaba un bochorno para él, hasta que Esther, su madre, logró convencerlo de lo contrario, diciéndole que desde ese momento y para siempre él se convirtió en su hijo y que eso no cambiaría jamás.
Entonces, luego de salir de sus reminiscencias y atar cabos, Jack lo comprendió todo.
Se levantó del asiento y se dirigió al hombre que continuaba dándole la espalda.
—Monsieur, ¿usted quiere decir que yo...?
—Soy tu padre biológico, Jack. Te dejé en casa de los Robinson cuando eras pequeño —dijo el hombre sin siquiera girarse para mirarlo.
Jack sintió una gran impresión al oír esa confesión. Desde que escuchó la conversación de las mujeres sabía que no llevaba la sangre de los Robinson, pero desconocía cual era su verdadero origen.
Siempre pensó que aquel hombre que lo dejó en el portal de la casa debía ser un pordiosero, si es que aún vivía, un indigente que probablemente se valdría de limosnas para poder sobrevivir, pero al escuchar la explicación de Buonarotti, sintió una mezcla entre sorpresa, alivio y alegría. Evidentemente le asombraba que el mundo fuera lo bastante pequeño como para que su jefe, el hombre al que tanto temía y admiraba al mismo tiempo, resultara ser su padre. Sin embargo, aún tenía demasiadas preguntas en la mente, lo cual era lógico para cualquier persona que estuviese en la misma situación, así que, pese al temor, se atrevió a acercarse a Fabrizzio, tomándolo por los hombros para girarlo y así poder verle el rostro.
—¿Por qué me buscó luego de abandonarme? ¿Quién era mi madre? ¿Cómo se hizo tan rico después de ser pobre? ¿Por qué decidió revelarme esto al fin?
Fabrizzio lo miró a los ojos y luego se hizo a un lado para evitar cualquier contacto con él. Estaba dispuesto a contestar todas esas interrogantes, pero no soportaba que lo presionaran, de modo que lo señaló con la empuñadura del bastón y expresó:
—No acostumbro a dar explicaciones a nadie, no obstante, contigo haré una excepción, pero te voy a advertir algo: no quiero que me interrumpas por nada del mundo.
El joven asintió y se sentó mientras contemplaba a Fabrizzio, imaginándose todo lo que éste relataba...
—Cuando mis padres murieron, yo era muy joven aún, un niño —comenzó el hombre, con la mirada perdida—, mi padrino, Stefano Belinni, no quiso hacerse cargo de mí, así que decidió ingresarme en un orfanato que estaba regido por monjes jesuitas. Allí nos enseñaron a hacer artesanías de madera y malabares que ejecutábamos para divertir a las parejas que llegaban cada año en busca de niños para adoptar.
A mí me obligaban a vestir de payaso y a hacer bufonadas para ellos, cosa que odiaba sobremanera —golpeó el suelo con el bastón en señal de impotencia y posteriormente continuó—. El hermano Francesco, incluso nos llevaba a la plaza principal de la ciudad con la intención de hacer una pequeña función para las personas que nos lanzaban monedas. El hermano decía que debíamos contribuir con el hospicio, pero él recogía aquel dinero para hacer grandes banquetes que solo él y algunos monjes disfrutaban, mientras nosotros comíamos pan viejo y seco con una taza de café oscuro y sin azúcar para el desayuno.
Los otros monjes eran peores, si hacíamos alguna travesura, la pagábamos caro ya que nos golpeaban hasta que se cansaban, otras veces nos obligaban a arrodillar sobre piedras mientras recitábamos el Padrenuestro o cualquiera de los salmos de la Biblia—miró a Jack enarcando ambas cejas—. Imagínate lo que significaba eso para mí, que jamás había sido golpeado por nadie y además, trabajar a tan corta edad cuando alguna vez lo tuve todo al alcance de la mano.
Jack no se atrevió a interrumpirlo, aunque ganas no le faltaron.
—Cuando cumplí la mayoría de edad y tuve que abandonar el albergue, me vi en la obligación de buscar mi propio camino. Debía encontrar un lugar donde vivir y un trabajo que ayudase a mantenerme, así que caminé sin rumbo fijo con mis viejas maletas a cuestas. Esa noche dormí en la plaza, en una de las banquetas, por la mañana escuché la voz de un pregonero que anunciaba al circo de los hermanos Millani.
Yo no sabía hacer otra cosa, salvo payasadas y malabares, así que vi la oportunidad perfecta para buscar trabajo allí, y fue así como conseguí el primer sueldo y mi primera tienda para dormir, la cual construí juntando y remendando sabanas viejas que llevaba conmigo en el equipaje.
Más tarde junté el dinero suficiente para tener una tienda decente donde vivir. En fin, en ese lugar logré aprender muchos trucos de magia, también conocí a Ludovica, la hija del dueño del circo, una hermosa y encantadora alambrista. Su sangre era dulce, bastante dulce... —dijo con una sonrisa en los labios (expresión extraña en él) luego sacudió la cabeza para explicar lo que acababa de decir:
—Me refiero a que ella era agradable, tierna y delicada. Aunque me cueste admitirlo, ya que no soy un hombre sensible, me enamoré de ella, tuvimos un idilio y como consecuencia de esa relación, ella quedó embarazada. Pensamos en no decir nada, pero en algunos meses nos sería imposible seguir ocultándolo, de modo que cuando el vientre empezó a crecer y su padre lo descubrió, la obligó a revelarle el nombre del padre de su hijo, así que el hombre luego de golpearme, me despidió y terminé en la calle nuevamente.
—¡Vaya! —exclamó Jack, sorprendido—. Supongo que el bebé que esperaba Ludovica era yo, ¿no es así?
—Es obvio —contestó Fabrizzio con una mueca de fastidio.
—Entiendo pero, ¿qué hizo usted entonces? ¿Renunció a ella así como así?
—¡Por supuesto que no, muchacho insolente! —dijo Fabrizzio—. Me fui del circo y de la ciudad, pero no de Italia, después conseguí...
—¡Desde luego! —lo interrumpió Jack nuevamente—. Usted no iba a rendirse tan fácilmente. Es tan insistente como yo. Lo entiendo a la perfección.
Fabrizzio comenzó a impacientarse.
—¡Te dije que no me interrumpieras! —volvió a reprenderlo.
Jack decidió guardar silencio para escuchar el resto del relato.
—Conseguí un trabajo como mesero en el restaurante de un hotel lujoso. Yo permanecí en contacto con Geraldo, el hermano de Ludovica, el cual me mantuvo informado de todo lo que pasaba en el circo.
Un día recibí una carta que me sorprendió. La salud de Ludovica empeoraba. Últimamente sufría mucho dolor, así que no lo pensé demasiado y me fui a Florencia donde estaba radicado el circo en ese momento, pero justo el día que llegué, Geraldo me buscó en el hotel donde me hospedé y con lágrimas en los ojos y un bebé en los brazos, me dijo que su hermana había muerto, también me anunció que su padre le había encomendado al bebé para que se deshiciera de él, puesto a que lo veía como el causante de la muerte de Ludovica, pero Geraldo solo pensó en entregármelo junto a una cantidad de dinero que me serviría para criarlo al menos por un buen tiempo.
Tomé al bebé y regresé a Roma —posó la mano en la cabeza del muchacho y continuó el relato—. No sabía qué hacer contigo. Mi vida había cambiado demasiado en tan poco tiempo. Por lo tanto, con el dinero que me dio tu tío, y el que yo mismo junté, abandoné Italia y me encaminé rumbo a Inglaterra. La verdad... me aventuré. Solo tenía una idea en la mente, encontrar y adquirir Wonderland, que era un teatro que había pertenecido a mi padre en su época de gloria cuando era un gran empresario. Allí conoció a mi madre.
La idea de alquilarlo y montar un espectáculo de magia con todos los trucos aprendidos en el circo me obsesionaba, pero cuando llegué, me encontré con la devastadora noticia de que el teatro había quebrado y pronto sería demolido.
Me fui de nuevo al hotel donde me hospedaba y allí escuché a una pareja que estaba hablando sobre su problema de fertilidad. Tenían algunos años de casados y no podían tener hijos. Yo no sabía qué hacer contigo, no me sentía capaz de criarte y entonces vi mi oportunidad. Tomé un carruaje y me dediqué a seguir a la pareja hasta que llegaron a su hogar. Una vez que vi donde vivían, decidí volver al día siguiente y el resto de la historia tú ya la conoces, aunque tu madre adoptiva haya decidido decirte que yo era un viejo amigo de la familia, cuando regresé a Inglaterra para buscarte con la idea de ofrecerte empleo en La Fantaisie.
Solo te diré algo antes de que siquiera intentes juzgarme: No me importa si me entiendes o no, no me arrepiento de nada —recalcó arrastrando las palabras.
—Yo no pretendo juzgarlo, Monsieur —respondió Jack, aunque en el fondo lo cuestionaba—. Solo quiero aclarar algunas dudas. Bueno, si usted está dispuesto, por supuesto —añadió con voz sumisa—. Hasta ahora me ha contestado apenas una de las preguntas y aún tengo muchas.
—¡Escúchame, Jack! —dijo con parsimonia—, no te debo explicaciones. Si hago esto es porque tengo un propósito contigo. Eres mi heredero, mi único hijo, por esa razón y también porque me da la gana te cuento todo esto.
Jack asintió y bajó la cabeza mientras Fabrizzio comenzaba un nuevo relato...
—Cuando te dejé en esa casa, encontré trabajo nuevamente en la cafetería del hotel donde me estaba hospedando para juntar más dinero. El hermano Francesco, el que me obligaba a hacer payasadas por dinero en el orfanato, pertenecía en secreto (por supuesto) a una logia masónica, lo supe porque en una ocasión cuando vivíamos en el orfanato, unos compañeros y yo nos levantamos de nuestras camas, pasada la media noche, no podíamos dormir y decidimos recorrer los pasillos, fue así como llegamos a la habitación del hermano Francesco que tenía la puerta entreabierta y lo sorprendimos vistiendo un mandil, mirando los símbolos masónicos que tenía a su alrededor con admiración.
Él advirtió nuestra presencia en lo que parecía su pequeño templo, y para nuestra sorpresa no nos increpó, en cambio nos reveló de qué se trataba todo aquello con la intención de reclutarnos para la orden, pero dijo que si queríamos pertenecer algún día a la organización, le debíamos guardar el secreto pues, como religioso, sería excomulgado de ser descubierto. Nosotros queríamos formar parte de aquello, pero apenas teníamos trece años. Sin embargo, yo no me rendí y comencé a interesarme en la masonería, frecuentando la biblioteca del monasterio en busca de información.
Posteriormente, cuando mis compañeros y yo cumplimos la mayoría de edad y salimos del orfanato, el hermano Francesco estaba en Francia, supuestamente en un viaje de evangelización. No pudo cumplirnos la promesa en ese momento, pero cuando regresó nos buscó por todas partes. Pidió información sobre nosotros y así llegó a Londres donde me encontró. Me dijo que ya yo tenía la edad suficiente para convertirme en aprendiz en la orden. Entusiasmado le di la dirección de mis compañeros con los cuales siempre mantuve contacto.
Jack permanecía absorto mientras escuchaba.
—El hermano Francesco había sido Maestro en la organización, pero logró conseguir posteriormente el grado de Venerable Maestro. Por lo tanto dejó el monasterio de forma definitiva y decidió fundar su propia logia en Francia, en un templo que yacía bajo la iglesia, donde en una época funcionó una logia antigua que había fundado su bisabuelo.
Allí, mis compañeros que son Fred, Lucas, Faustin, François y yo, logramos iniciarnos como aprendices. El hermano, ahora devenido en Venerable Maestro, nos dio un baúl con todos los implementos simbólicos de la masonería, pero especialmente nos entregó este anillo y esta llave, que es la que abre la verja del jardín de la iglesia.
Jack comenzó a recordar los rostros de aquellos hombres que pertenecían a la actual logia, conforme Fabrizzio los nombraba.
—Así fuimos avanzando en los escalones que ascienden hacia la sabiduría. Yo visitaba Francia para asistir a las tenidas, pero me había residenciado en Londres. Esos días frecuentaba un burdel en los suburbios de la ciudad donde trabajaba una prostituta llamada Dorothy, con la cual vivía momentos agradables, pero ella se obsesionó conmigo y creyó que algún día yo la sacaría de ese lupanar para casarme con ella, así que dejé de visitar ese lugar y me dispuse a no verla más, pero ella logró conseguir la dirección donde yo trabajaba y fue hasta allí para armar un escándalo que desde luego causó que me despidieran.
Al verme de nuevo sin trabajo y sin hogar, tuve la necesidad de retirarme de la logia, lo cual se me concedió.
Mis compañeros quisieron seguirme los pasos, pues ellos ya no deseaban pertenecer a la organización sin mi presencia, de modo que también se liberaron, pero regresaron a Italia, mientras yo permanecí en Inglaterra y tuve que mudarme a una vecindad de mala muerte.
Fabrizzio hizo una pausa para aclararse la garganta.
—Por esos días llegó La Fantaisie a Londres y yo fui a ver el espectáculo. Entonces de nuevo vi la oportunidad de trabajar en escena, lamentablemente comencé a laborar como payaso pues ya los dueños contaban con los servicios de un mago. En ese tiempo, los padres de Bernardette eran los dueños del circo que en aquel entonces no era ni la mitad de grande y famoso de lo que es ahora, aunque sí tenía éxito.
Luego de algunos años, el hermano Francesco ya estaba anciano y enfermo, por lo tanto decidió reunirnos nuevamente a mis compañeros del orfanato y a mí. Nos dijo que no importaba si no habíamos logrado alcanzar el grado más alto dentro de la orden porque al fin y al cabo ya habíamos dejado de ser Profanos, y que ahora era nuestro turno de retomar lo aprendido, restituyendo la logia que él había fundado aquí, en Francia.
También consideró que yo debía encabezarla ya que poseía más conocimientos por todas las investigaciones que hice en el orfanato, y asimismo me solicitó buscara nuevos aprendices. Fue así como conocí a Robespierre. En ese tiempo él estaba deprimido debido al fracaso que tuvo como candidato a la alcaldía. Con el pasar del tiempo, los dos trabamos amistad y en mi trabajo en La Fantaisie, no me iba mal, al contrario, me fui ganando la confianza de Jean Paul y Gabrielle.
Tuvimos éxito en las funciones y comencé a reunir un buen capital. Luego de la muerte de Gabrielle y la partida de Jean Paul, yo me convertí en el nuevo dueño del circo, ya que en días anteriores ellos me lo habían vendido porque pensaban hacer algo diferente con sus vidas. No sé qué tendrían en mente. Después hice de La Fantaisie lo que ya conoces.
Jack lo miraba fascinado al escuchar cada palabra.
—Como ya te dije, me convertí en el primer masón en alcanzar el grado de Maestro sin haber pasado por los rituales correspondientes. Presidí la logia casi a distancia, ya que me había convertido en el dueño de una empresa nómada y tenía que atenderla, sin embargo, cada vez que podía, viajaba París a cumplir con mi deber.
Luego de algunos años, cuando volví a París acompañado del circo (en su gira) ya yo estaba consolidado como todo un empresario del espectáculo, era respetado y admirado en todo el mundo, así que me ofrecí a colaborar con Robespierre que reanudaba su campaña política en las siguientes elecciones.
Yo lo invitaba a frecuentar el circo para que se diera a conocer con las personas y se codeara con ellas. Esta estrategia no le agradó para nada a Francine, su esposa, que siempre consideró el mundo del circo como tosco y vulgar, pero, de esta manera, Robespierre fue ganando popularidad y finalmente triunfó en las elecciones, lo que también me convino, ya que tener un amigo alcalde que te debe un favor, resulta bastante provechoso. Así yo no pagaba impuestos cada vez que el circo visitaba la ciudad.
Jack ataba cabos en la mente.
—Entiendo —dijo—, pero ¿cómo logró dar conmigo? ¿Cómo me encontró después de tantos años?
—A veces solía intercambiar cartas con tus padres, solo para saber de ti, pues en el fondo sabía que no podría desprenderme del todo. Ellos no querían responderme al principio, pero yo les dije que lo único que quería era saber cómo estabas y entonces accedieron a darme información.
En una de nuestras giras llegamos nuevamente a Londres donde me enteré de la bancarrota de los Robinson por el periódico. Decidí ir a buscarte y ellos no se pudieron negar ya que sabían que tú estarías mejor conmigo. Ahora ¿ves qué irónica resulta la vida a veces?
—Tienes razón. Voy a decirte algo, realmente me siento feliz de que seas mi progenitor. Temía que el verdadero fuera un indigente o algo así, pero yo estoy orgulloso de ti, padre.
Mientras decía todo esto, se acercó a Fabrizzio e intentó abrazarlo, pero éste retrocedió abruptamente para evitar el contacto.
—En primer lugar, no te he dado permiso para que me trates con tanta confianza, y en segundo lugar, aunque seas mi hijo no te permito que me llames de otra manera que no sea Monsieur —luego hizo un gesto para indicar que debían irse—. De más está decirte que todo esto es información confidencial, así que déjate de estupideces y vámonos ya.
A pesar de la manera tan grosera en que le habló Fabrizzio, a Jack no le importó demasiado, después de todo, y ahora más que nunca, estaba dispuesto a soportar a su «Jefe» ya que ahora sabía que algún día heredaría su poder y su fortuna, así que se fueron al circo en medio de la neblina y del intenso frío que cubría las calles, pese a los débiles rayos de sol que adornaban el amanecer.
Amigos espero que les vaya gustando al trama, poco a poco vamos conociendo un poco más de la vida de Fabrizzio y de Jack, ¿Qué hará el muchacho con esta información que lo hizo tan feliz? ¿le servirá más adelante? Muchas gracias por el apoyo que le han brindado a mi historia, nos vemos en otra oportunidad.