
Fuente: pxhere
El mensaje
Por razones de la pandemia todo era rápido y sin los protocolos conocidos. La oscuridad era absoluta. Sus dedos hallaron en el bolsillo del gabán su teléfono celular que estaba apagado. Nerviosamente lo encendió, y la música lo atormentó. La espera por tener disponible la mensajería de texto pareció una eternidad. La pantalla iluminó el estrecho espacio. Sus dedos marcaron el breve mensaje pero la batería estaba muy baja, aunque extrañamente había cobertura. Al pulsar la tecla de enviar el teléfono se apagó. Nuevamente la oscuridad volvió y torrentes de lágrimas salieron de sus ojos mientras seguía dentro del ataúd.

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