Había una vez una joven mujer que vivía con su hija en un campo, donde tenían un gran Jardín ella y su pequeña hija. Ambas pasaban todo el día atendiendo y cuidando su jardín, regando las flores y recogiendo algunas, habían flores de todos colores que llevaban al pueblo más cercano dos veces por semana para vender, ya que de esto era que subsistían.
En aquel jardín llegaban muchos colibrís que adornaban con una hermosura impresionante y que a la niña le encantaba verlos volar y posar sobre las flores. Pero un día tristemente en aquellos lugares llego una epidemia muy fuerte y la joven madre jardinera enfermó con muchísima fiebre y dolores en todo su cuerpo y solo quería estar acostada, así que la pequeña niña tenía que atender sola el jardín.
La niña preocupada por su mamá lloraba y hablaba con las flores y los colibrís y les pedía que sanaran a su madre, pero un día la niña despertó y fue a ver a su mamá y noto que tristemente había fallecido, la niña en su tristeza enterró a su joven madre en aquel jardín que ambas atendían. Cuenta la leyenda que desde aquel entonces esta niña nunca se retiro de aquel jardín donde enterró a su joven madre.
Que allí solo comía flores y se la pasaba hablando con ellas y con los colibrís. Comentan los campesinos que al pasar el tiempo esta niña desapareció y no se supo más de ella, y muchos de los que pasan por aquel jardín comentan que ven salir un gran colibrí multicolor, piensan que es aquella niña que se transformo en colibrí y vive en este jardín que aun después de tanto tiempo se mantienen intacto como si lo regaran todos los días.
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