Sinceramente el único modo de explicártelo es este:
Imagínate dos corrientes de agua divididas por una porción de tierra. Son dos canales de agua que corren en sentidos contrarios y que, evitando las reglas naturales se detienen totalmente acumulándose calurosamente en un agonizante flujo de olas insultantes y estáticas.
En otras ocasiones el flujo es tan violento que algunas de las cresta, ya lejos del canal, en una locura descomunal y embriagada por la ignorancia, torna su dirección a los extremos del canal y se impacta mortalmente en la solidez de la vida.
Este espectáculo atroz sucede a menudo. Pero lo cotidiano y característico de este circo es el rugido impactante de sus olas, el calor de su potencia, especialmente en la marea alta.
Esto afecta especialmente a los granos de arena a los bordes del canal.
Estos granos son diminutos y secos, sin embargo algunos pocos están saturados de poder, pero todos ellos se comportan de un modo particular. Algunos se quedan estáticos luchando por alimentarse de otros que rápidamente se desmoronan mientras circulan. Mientras los que circulan sólo quieren evitar ser consumidos en su totalidad pero toman del suelo lo que pueden para alimentar su verdadero hogar. Y otros apenas se ven, son microscópicos y todos les pasan por encima.
Ellos, los granos de arena, parecen moverse como si cayeran todos en una misma dirección fatal, siguiendo al que está en la punta. Todos ruedan en un equilibrio caótico motivados por alguna razón desconocida. Muchos se juntan otros se separan, y muchos otros no existen.
Cuando la noche cae y la luna se refleja doble en las cresta de las olas, todo el canal se apacigua y en él sólo se ve un diminuto frío cristalino. Los granos aún en un desenfrenado movimiento se reúnen, chocan y convulsionan en un ritual cotidiano de ignorancia y extraño deseo.
Todos oscuros ríen.
Otros misteriosos observan y planean.
Muchos tristemente se deshacen y mueren.
Así es esto. Aún hay mucho más que decir pero todavía estoy observando. Pero, ¿qué puede hacer un solo grano de arena entre más de 7 mil millones de sordos a conveniencia? Gritar a veces no es suficiente, ¿no crees?
Incluso los miles de símbolos peinados y empolvados sobre la savia naturaleza es llevada a la mísera desconsideración, y como de un risco es lanzada la esperanza, asesinada por la mirada zombítica de la arena.
Es achacada a la marea alta nuestra eterna destrucción. A un ente misterioso nuestro propio destino. A una mirada inocente nuestros propios delitos. A la tierra por nuestra muerte.