Cuenta la leyenda que cuando Dios creó el universo, evocó dos energías, la esencia de fuego y la esencia de agua, el yin y el yang, que al unirse tenían la fuerza generadora de crear. Así fue que se dio inicio a toda forma de vida.
La esencia de agua representa lo femenino, la noche, la luna, que fluye y se adapta al recipiente que la contiene. La esencia de fuego representa lo masculino, el día, el sol, la acción, el poder de la manifestación.
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Esta es la historia de una mujer que tenía todo lo material para ser feliz: un buen empleo, belleza e inteligencia, pero en el fondo un profundo vacío existencial, que no se llenaba con nada ni con nadie. Esta es mi historia, de cómo consegui la paz al vincularme con mi energia femenina, que fluye y se adapta como el agua.
Mi vacío existencial comienza al no reconocer la grandeza y mi potencial creativo como mujer. Desde pequeña percibí en la mujer debilidad y sumisión, que nacimos solo para servir al hombre, es por ello que desde muy joven asumí el rol de liderazgo en el trabajo, criticando a los hombres por su falta de proactividad.
Un día esta guerrera tiene la bendición de ser madre, y con la vida en mis brazos me comienzo a replantear mi rol como mujer, y buscar las respuestas ante tanta inconformidad y desarmonía con el padre de mi hija,
Mi rabia en el fondo era porque no aceptaba ese rol vulnerable que me hacia sentir la maternidad. No queria depender de nadie para la crianza de mi hija, sin embargo, al tener la vida de mi pequeña en mis brazos, me di cuenta de que tanta soberbia no me servía de mucho, o mejor dicho, de nada. Que tenía que tragarme mi orgullo y, como la gota de agua, con paciencia y mucha perseverancia, comenzar a pedir desde el amor.
Entonces, deseé en el fondo de mi ser cumplir con mi misión de agua para que él cumpla con su misión de fuego. Pero para ello tuve que hacer un trabajo de reconexión con mi energía femenina, que estaba en lo profundo de mi ser. Así es que conozco la Biodanza, una propuesta que permite, desde la biología, reconectarse con la vida.
Tenía que hacer las paces conmigo,aceptar que era absolutamente responsable de mi situación, hacerme cargo y comenzar a valorar y legitimar a ese hombre que me había dado la oportunidad de ser madre.
Es el momento en el que me vinculo conmigo, el amor propio y el autocuidado; es que comienza ese proceso de rehabilitación existencial. Pasé de ser terriblemente odiosa a ser amable con el padre de mi hija, de igual manera entender el rol de los hombres en mi familia y respetar su lugar dentro del linaje.
Vincularme con el otro
Desde mi rol como mujer y madre, ¿cómo puedo vincularme con los demás sin atropellar? Me di cuenta en este aprendizaje de vida, de que tenía que empujar a los demás para que siguieran mi ritmo. El espacio desde el cual me vinculaba era desde la exigencia; no había espacio para la excusa.
Comenzar a fluir para entender de qué manera podía involucrar al papá de mi hija sin presionar ha sido una de mis mayores victorias. No ha sido fácil; me ha tomado muchísimos años pasar del resentimiento, la rabia, la queja y ese dolor de mujer traicionada a cambiar el discurso de gratitud y, sobre todo, aprender a pedir desde el amor y no desde la obligación.
Por otro lado, tenía el reto de hacerle entender que su hija necesitaba de su presencia, no solo el dinero. Este logro ha sido progresivo, pero hoy en día no tengo que discutir para que se haga cargo de la manutención, compartiendo espacios desde el disfrute y la armonía.
Cambié mi sentimiento más profundo hacia el padre de mi hija. Mi mente se reconcilió con mi alma, y desde la paz, hoy, después de 11 años, puedo decir con satisfacción que tenemos una relación de armonía.
Entendí que cada quien es como es, y que no soy quién para cambiar la manera de pensar y mucho menos de actuar de la gente. Dentro del mundo de infinitas posibilidades, me tocó danzar con ese hombre maravilloso, que me enseñó que no soy víctima, sino dueña de mi destino.
Despues de experimentar los beneficios de la Biodanza para cambiar desde lo profundo, me formé como profesora, y hoy en día acompaño a madres con bebes lactantes, y mujeres que sienten ese profundo vacío existencial. Mi deseo es que podamos formar una tribu de mujeres que nos sostenemos desde lo emocional, para transitar esa complejidad de situaciones que vivimos como mujeres y como madres.