A Antofagasta vine en vacaciones,
Cuando era pequeño,
A la playa me moría por ir,
Y hacer realidad mi sueño.
Por fin llegó el día,
Apurando a mis tías,
Me movía más veloz que un trueno,
No sabía lo que venía.
Llegando a la hermosa playa,
Me sentía muy pleno,
El cielo estaba despejado,
Ese mar estaba bien lleno.
Buscábamos un lindo lugar,
La arena tenía un calor del bueno.
Todo iba perfecto,
Yo si era bien ingenuo.
No aguanté más,
Corri cómo caballo sin dueño,
De la orilla salté al agua,
No fue un salto pequeño.
Al tocar ese mar,
Sentí ese frío extremo,
Eran menos de 15 grados,
Y yo hundido hasta el cuello.
Mamá se reía,
Me veía de lejos,
De pequeño uno aguanta,
Pero pegué el grito al cielo,
Me levanté por instinto,
Buscando algo de consuelo,
Salí de allí temblando,
Con la mirada hacia el suelo.
A mí nadie me dijo,
En ese sitio norteño,
Que esa playa es más fría,
Como el mismo invierno.
Nunca en mi vida,
Había sido tan maltratado,
Y eso que viví,
Dónde el acoso no es penado.
Me sequé con mi toalla,
Me sentí regañado,
Por mi mente se escuchaba,
He fracasado!
Pero luego puse,
Mi mirada hacia el mar,
Luego pensé,
Así no se va a quedar.
Agarré más fuerza,
Inicié mi camino,
Con cada paso que daba,
Sentía más frío.
Llegué a la orilla,
Dónde el agua no llegaba,
En pleno medio día,
Todo el mundo allí se bañaba.
Después de un ratito,
Me fui tras una ola,
Metí las piernas a una altura,
Por debajo de las bolas.
Y seguía avanzando,
Apretando los dientes,
Sin quejarme y aguantando,
Cómo al dentista su paciente.
Y logré entrar,
Hasta mi cuello cubrir,
Solo podía pensar,
Que de allí no iba a salir.
Logré conquistar,
Aquel frío terrible,
Pero comencé a añorar,
Las playas del Caribe.
Treinta años después,
Sigo entrando en este mar,
Disfruto mucho de las olas,
Siempre las logro apreciar.
Los invito a todos,
A disfrutar de esta agua bien fría,
Sin arrepentimiento ni dudas,
Que tu alma salte de alegría.