El pescador de estrellas
El anciano bajó a la playa desierta y aún oscura, y montó en su maltrecho bote mientras miraba el mar añil, negruzco, con todas las expectativas del mundo. No había otro bote pesquero, así que remó por largo tiempo, y en una parte desolada, se detuvo. La oscuridad era espesa cuando el anciano miró al cielo. Quieto, sintió cómo el mar acariciaba el bote y lo mecía insistentemente. De repente, miró una estrella encenderse en el horizonte. Sería fácil tirarse al mar y acabar con todo, pensó el anciano mirando la estrella brillar más fuertemente.
Pero no hoy, dijo el anciano mientras tiraba al mar el anzuelo. Allí estuvo el anciano por largo tiempo, tanto que sintió que todo era un sueño. Pero no. Miró entonces un pequeño pez atravesado por el arpón y en lo más profundo le dio gracias al cielo. La mañana ya aparecía y el anciano pescador remó con fuerza hasta la orilla. Al llegar, con su pequeño pez guindado en su mano, caminó entre las piedras hasta su casa. En la puerta del rancho, dijo: mira, Estrella, lo que te traje. El perro hasta ese momento acabado, levantó los ojos tristes. El anciano le puso el pescado cerca y el perro comenzó a comer con desespero. Entonces el anciano, rio con fuerzas y le dijo al perro cerca de la oreja:
_Nosotros no estamos viejos, Estrella, nosotros lo que tenemos es hambre.