La casa de muñecas
Desde el primer momento que llegamos a aquella casa, comenzaron las atenciones y demostraciones de afecto. Ella nos cuidaba, nos daba de comer, jugaba con nosotras y luego nos acostaba en nuestras respectivas camas. Todas estábamos contentas porque nunca nadie nos había tratado con tanto amor, dedicación y afecto. Fue tanta la felicidad que sentíamos, que muchas veces decíamos entre nosotras que queríamos ser como ella.
Al principio ella pasaba pocas horas con nosotras, especialmente, después que venía del colegio. Inmediatamente que llegaba, comía rápido, hacía las tareas y después iba hasta nuestra casa y allí se quedaba hasta la tarde cuando llegaban sus papás. Pero un día nos dimos cuenta que llegó la hora de dormir y ella aún nos tenía en sus brazos y eso nos preocupó.
A partir de ese momento, ya no era raro que se despertara en la madrugada llorando y después que nos había acostado a nosotras, nos sacara de las camas y se pusiera a jugar hasta la mañana, cuando la luz del sol entraba por la ventana y tenía que ir al colegio, pero extrañamente, ya no iba.
Aunque a todas nos gustaba estar con ella, nuestra casa era muy chica y apenas entrábamos nosotras, por lo que el día que ella dijo que quería ser una muñeca y quedarse por siempre en nuestra casa, supimos que algo malo estaba pasando con aquella niña. Sin embargo, como era nuestra amiga, dejamos que se acurrucara a nuestro lado, aunque sabíamos que ya más nunca nadie jugaría con nosotras.
o:oxXxo:o
Al principio ella pasaba pocas horas con nosotras, especialmente, después que venía del colegio. Inmediatamente que llegaba, comía rápido, hacía las tareas y después iba hasta nuestra casa y allí se quedaba hasta la tarde cuando llegaban sus papás. Pero un día nos dimos cuenta que llegó la hora de dormir y ella aún nos tenía en sus brazos y eso nos preocupó.
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A partir de ese momento, ya no era raro que se despertara en la madrugada llorando y después que nos había acostado a nosotras, nos sacara de las camas y se pusiera a jugar hasta la mañana, cuando la luz del sol entraba por la ventana y tenía que ir al colegio, pero extrañamente, ya no iba.
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Aunque a todas nos gustaba estar con ella, nuestra casa era muy chica y apenas entrábamos nosotras, por lo que el día que ella dijo que quería ser una muñeca y quedarse por siempre en nuestra casa, supimos que algo malo estaba pasando con aquella niña. Sin embargo, como era nuestra amiga, dejamos que se acurrucara a nuestro lado, aunque sabíamos que ya más nunca nadie jugaría con nosotras.