Las Ondinas del río Jaburi
La leyenda dice que todo aquel que tenga buen corazón y pesque en el río Jaburi, es ayudado por las ondinas que hacen lo imposible para que aquel ser obtenga lo que quiere y con creces. Se habla de grandes tonelas de peces de todos los tamaños y colores, que los aldeanos recogen y pueden cambiar por dinero.
En cambio, los que son movidos por la avaricia son arrastrados por las corrientes del río y hasta son convertidos en piedras por las ondinas, quienes son capaces de ver el alma de los hombres. Ellas, al ver que el río es explorado para sacarle provecho y destruirlo, esconden a todos los peces o los hacen invisibles, y cuando los hombres se acercan, levantan las aguas del río para que estos se ahoguen en las corrientes.
Los viejos aldeanos del Jaburi relatan que una vez el río se secó por culpa de la pesca indicriminada del hombre. Ya no había peces y el caudal del río se estaba secando por culpa de una empresa extranjera que había escuchado hablar de las ricas especies que había en aquel afluente. No solo las especies acuáticas estaban muriendo, también todo el entorno y las personas, que al no tener ni agua ni sustento morían de mengua.
Fue en ese instante que aparecieron las ondinas. Los lugareños vieron cómo con su hermosura atraían a los ambiciosos que entraban al río hasta ahogarse. Aquellos pozos que estuvieron secos volvieron a su caudal normal y la naturaleza volvió a ser verde y próspera. Desde ese día, dicen, que el río Jaburi es vigilado por las ondinas que se encargan de distribuir las riquezas naturales solo a quien se las merece.
=oxXÖXxo=
En cambio, los que son movidos por la avaricia son arrastrados por las corrientes del río y hasta son convertidos en piedras por las ondinas, quienes son capaces de ver el alma de los hombres. Ellas, al ver que el río es explorado para sacarle provecho y destruirlo, esconden a todos los peces o los hacen invisibles, y cuando los hombres se acercan, levantan las aguas del río para que estos se ahoguen en las corrientes.
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Los viejos aldeanos del Jaburi relatan que una vez el río se secó por culpa de la pesca indicriminada del hombre. Ya no había peces y el caudal del río se estaba secando por culpa de una empresa extranjera que había escuchado hablar de las ricas especies que había en aquel afluente. No solo las especies acuáticas estaban muriendo, también todo el entorno y las personas, que al no tener ni agua ni sustento morían de mengua.
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Fue en ese instante que aparecieron las ondinas. Los lugareños vieron cómo con su hermosura atraían a los ambiciosos que entraban al río hasta ahogarse. Aquellos pozos que estuvieron secos volvieron a su caudal normal y la naturaleza volvió a ser verde y próspera. Desde ese día, dicen, que el río Jaburi es vigilado por las ondinas que se encargan de distribuir las riquezas naturales solo a quien se las merece.