De tu mirada invento dos o tres
enigmas, cierro los ojos y me dejo
arropar por los vapores de la tarde.
Es normal que todo comience con colores,
una espiral colorida que me envuelve
cerca de donde estuvo el árbol.
Hablan de tus labios pequeños, los poetas
y de tu ceguera, la tradición latina.
Pero las horas son sábanas y del cielo cuelgan linternas
y tu pelo es tan negro y tus ojos parecen poseídos.
Tanta magia en el aire, Cecilia, lejana,
hermosa, entras y sales de ese vórtice
como si nada.
El enigma persiste.
Te ciño a mi cuerpo sin que puedas
contarlo. Mi mano en tu cintura, la tuya
en mi vientre... ese gesto... carente de
intención...
Sacarme del aquí y el ahora, te alerto, no será
eco esta tarde.
Somos dos almas que se regocijan de anhelo,
el despertar de una realidad dormida, y el deseo se retuerce
bajo tu sostén.
Los libero. Me pegas. Mi rostro arde y se congela.
Del dolor crecen lenguas de humo,
un humo plateado donde también veo puertas entreabiertas,
asideros...
No voy a pedir permiso.
El placer es una diana y en el centro
yace una flor aguijoneada.
Es mi sueño. Déjame beberte.
Ya la cama no es ancha, te digo que
debo ir a trabajar y contestas que no,
que no importa -ven, sigue-.
Se desdibujan las fronteras entre lo que es
y lo que no. Mis manos se aferran
a las sábanas...
¿Qué eres, una foto?
¡Despierta!
Pasan los pregoneros.
Compran cualquier pedacito de oro.
Separadores y GIF creados en Canva