Muy emocionada de unirme a esta invitación para homenajear al escritor venezolano Antonio Arráiz, a través del minicuento narrativo cuyo propósito es expresar en el género literario satírico. Veremos cómo me va, es algo nuevo para mí.
Haces muchos años en el pueblo de Marigüitar, se mudó la familia Montero que venía huyendo de la guerra de las ideas, con muchas ganas de volver a empezar desde cero, aun cuando no sabían las costumbres y tradiciones que allí tenían sus pobladores, no le pareció relevante. Compraron una casa muy modesta y sencilla, cerca del Rio Orión. Trabajaron muy duro, emprendieron una fábrica artesanal de queso y vino de mango. Aprovecharon todos los recursos que habían a su alrededor. Todo iba muy bien aparentemente, hasta que Fulgencia tendiendo ropa en el patio, le dice a Manolo:
-- Oye tu Manolo, quiero darte una noticia buena y mala de algo que nos va a cambiar la vida a los dos.
En un tono sorpresivo, Manolo dijo:
-- Que será Fulgencia, tú y tus cosas… Siempre andas sacando la cuenta de todo, dame la noticia mala primero mujer.
-- Amor, estoy embarazada.
Risas y alegría, Manolo dijo:
-- Y eso es una noticia mala Fulgencia, eso más bien hay que celebrarlo. Vengase acá deme un abrazo y un beso.
El silencio invadió a Fulgencia y con señales de negación, respondió:
-- No, no, no… cariño; no vez lo grave de la situación. Acaso no te has dado cuenta que
solo llevamos un año en este pueblo y hemos levantados, todo esto los dos solo, a veces se nos hace difícil para los dos mantener la producción de nuestras fábricas.
-- Pero eso que tiene que ver Fulgencia.
-- Chico, es que acaso crees que estando embarazada, tendrás mi ayuda. Tú eres muy despistado y siempre se te olvida llevar el control de todo.
-- Ah! nada más es eso, tranquila mi vida que yo desde hoy, tomare el control de todo.
-- Seguro Manolo, confiaré en ti.
Manolo la agarro por la cintura y le dice:
-- Venga acá, cual era esa buena noticia.
-- Gua! que ahora sí, voy a descansar un buen tiempo, me sentía como una burra.
Pasaron nueve meses desde aquella promesa que hizo Manolo. Cual fue la sorpresa para él, cuando nació el bebe que llevaba Fulgencia en su vientre, su primer primogénito. El quería un Varón desde aquella noticia que recibió el 28 de Abril de 1956. No muy contento con el Nacimiento de su hija. Se dedicó a su faena como de costumbre. En ese momento intervino Fulgencia:
-- Manolo, es que acaso no piensas cargar a la niña, Dime amor que nombre vamos a ponerle.
Con un tono tosco manolo respondió:
-- Es que estoy muy sucio y cansado, no he parado de trabajar durante nueve meses, mientras tu echada en esa cama, sin hacer nada, todo lo he hecho yo. (Toscamente) ponle el nombre que mejor te venga, eso no tiene importancia como se llame.
Entre lágrimas y lamentos, Fulgencia abatida le respondió:
-- Como puedes decir todo eso, es que acaso no te das cuenta, cuan ha sido mi sacrificio. Eres un vil ingrato. Me dejas anonada.
Transcurrieron 6 largos años desde aquellas vergonzosas palabras. Yumila, así fue el nombre que le puso Fulgencia a su hija, la niña tenía cierta edad y se daba cuenta de muchas cosas. Un dia caminando en la playa, le preguntó a su mamá:
-- Por qué mi papá, me trata así.
Fulgencia, casi desviando su mirada y apenada:
-- No hija, eso son cosas tuyas, tu papa vive cansado y agobiado, él te quiere mucho, hay que entenderlo amor.
Cansada de sentirse rechazada, Yumila decidió probar si era solo eso. Se fue hasta la fábrica artesanal de queso, para ofrecerle la ayuda a su papá, a cambio de que le dedicara, aunque sea unos minutos. Ella no pedía mucho. Se decía a sí misma, sin tan solo me abrazara y besara, me bastaría con solo eso, no pido más de ello.
-- Buenos días papi, puedo ayudarte a cambio que me des un poco de tu tiempo.
-- Ya vas a empezar muchachita insolente.
-- Pero papá, solo quiero estar contigo, no entiendes que me haces mucha falta.
Manolo y su subconsciente lo hicieron reaccionar.
-- Está bien hija, ven acá y dame un abrazo.
Los dos se quedaron mirando, hasta abrazarse, llorando juntos de alegría. Yumira repetía, con voz quebrantada:
-- Gracias papi lo necesitaba, desde hace mucho tiempo.
-- No tienes porque agradecerme hija, me salvaste del infortunio.
Todos fueron felices para el restos de sus vidas, nunca más Manolo volvió a rechazar a Yumila. Sus vidas cambio por completo, se fueron a vivir a una casa de playa cerca del pueblo.
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Hasta otro encuentro. Gracias por haber pasado por mi colmena.
Espero seguir deleitándolos con mi miel exquisita.