TENGO EL HAMBRE de los sopladores de vidrio en las terrazas del Pekín naciente
y de los unicornios falsos en las vidrieras de esta ciudad moribunda.
Un hambre a viva voz,
hambre afónica.
y me guardo el estómago entre las piernas para que nadie sospeche que eso que late y llora
no es el corazón,
que eso que ruge no es mi epiplón lastrado de la impotencia del grito.
Tengo el hambre del perro triste,
de la cigarra de los charcos en la avenida,
del tragafuegos del circo ambulante al que vi llorar luego del vómito y la antorcha,
el que me vio aplaudiendo como si la alegría la vendieran al mayor y no necesitara el milagro de lo inaudito.
Tengo el hambre luego del hambre,
luego del susto,
luego del miedo,
y por un azar concurrente tengo el hambre del llanto y la desidia
cuando todos me ven con el estómago entre las piernas mientras disimulo la sed
y escupo el nombre.
…y para colmo tengo un hambre sin nombre que me llama y me escupe,
como los sopladores de vidrio a los intrusos en el Pekín naciente
y para colmo el hambre se dilata,
se adelgaza,
como los unicornios en las vidrieras de esta ciudad,
que ya está muerta.
© 𝐂𝐨𝐩𝐲𝐫𝐢𝐠𝐡𝐭 𝟐𝟎𝟐𝟓 𝐘𝐚𝐝𝐢𝐫𝐚 𝐓𝐫𝐨𝐜𝐡𝐞 𝐍𝐞𝐫𝐞𝐲. 𝐓𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚𝐝𝐨𝐬