Millie una pianista de Risingstar decidió convertir su pasión en un servicio, después de mucho tiempo practicando y mejorando su técnica, comenzó a ofrecer presentaciones privadas, clases de piano y composiciones musicales personalizadas. En su mente, la idea parecía perfecta: Ganar dinero mediante la música.
Los primeros días le fue muy bien, pero pronto comenzó a darse cuenta de algo que solo los artistas conocen muy bien. El trabajo musical tiene una estructura de esfuerzo que pocas personas ven. No se trata solo de sentarse frente al piano y tocar. Detrás de cada pieza hay horas de práctica, estudio, preparación del repertorio y a la vez tiempo para cada cliente.
Esta pianista necesitaba llegar a más personas y comenzó a crear promociones. Algunos días ofrecía clases con un pequeño descuento, otras veces realizaba presentaciones especiales o colaboraciones con músicos de la comunidad de Risingstar y de esa manera todos ganar.
Millie, a pianist from Risingstar, decided to turn her passion into a service. After spending a long time practicing and improving her technique, she began offering private performances, piano lessons, and personalized musical compositions. In her mind, the idea seemed perfect: earning money through music.
The first few days went very well, but she soon began to realize something that only artists know very well. Musical work has a structure of effort that few people see. It's not just about sitting at the piano and playing. Behind each piece are hours of practice, study, repertoire preparation, and time for each client.
This pianist needed to reach more people and began to create promotions. Some days she offered lessons at a small discount, other times she did special performances or collaborations with musicians from the Risingstar community, and that way everyone won.
Con el paso del tiempo comenzó a aparecer una situación incómoda: la costumbre de pedir rebajas. Cada vez que alguien solicitaba una canción o una clase, siempre surgía la misma pregunta. —¿No puedes hacerme un pequeño descuento?
Lo que al principio parecía algo normal, poco a poco se volvió frecuente. Algunos estudiantes pedían pagar menos por las clases, otros querían que compusiera una pieza completa por un precio reducido. Incluso había quienes solicitaban varias horas de ensayo adicional sin considerar el tiempo que eso implicaba. Ellos querían poner el precio y para la pianista, eso empezó a convertirse en un problema.
No era solo una cuestión de dinero. Era una cuestión de valorar su trabajo, puesto que la música no era un producto improvisado; era el resultado de años de disciplina, de estudio y de creatividad.
Over time, an uncomfortable situation began to arise: the habit of asking for discounts. Every time someone requested a song or a lesson, the same question always came up. “Can't you give me a little discount?”
What seemed normal at first gradually became frequent. Some students asked to pay less for lessons, others wanted me to compose an entire piece for a reduced price. There were even those who requested several hours of additional rehearsal without considering the time involved. They wanted to set the price, and for the pianist, that began to become a problem.
It wasn't just a question of money. It was a question of valuing her work, since music was not an improvised product; it was the result of years of discipline, study, and creativity.
Un día, Millie consiguió un cliente que lo único que quería era rebaja que la situación se volvió incómoda. Argumentaba que la música debía ser “más accesible” y que seguramente tocar una pieza no tomaba demasiado tiempo y eso era fácil. Ese fue el momento en que la pianista comprendió algo.
Quien realmente valora la música entiende el trabajo que hay detrás de cada nota. Desde entonces tomó una decisión simple, pero firme: dejar de negociar el valor de su trabajo, las clases, las composiciones y las presentaciones. Sin excepciones.
Porque en cualquier parte del mundo, la música puede emocionar, inspirar y acompañar a muchas personas, pero nunca debería perder su valor. Y desde ese día, cada vez que alguien preguntaba por una rebaja, la respuesta era directa: —Lo siento, pero esta melodía no tiene descuento.
One day, Millie got a client who only wanted a discount, which made the situation uncomfortable. He argued that music should be “more accessible” and that playing a piece surely didn't take too long and was easy. That was when the pianist realized something.
Those who truly value music understand the work behind each note. From then on, she made a simple but firm decision: to stop negotiating the value of her work, her lessons, her compositions, and her performances. No exceptions.
Because anywhere in the world, music can move, inspire, and accompany many people, but it should never lose its value. And from that day on, whenever someone asked for a discount, the answer was straightforward: “I'm sorry, but this melody has no discount.”
Post de las cartas de Risingstar:
@hivenftgamela/risingstar-concurso-la-historia-de-la-semana-con-millie-esen