Hablamos las tres
─Me llamo Julieta Capuleto, sé que ustedes creen que saben quién soy, pero hasta yo tengo dudas porque cuando uno es inmortal le toca vivir mucho, renacer con nuevas generaciones y eso es un trabajo duro; toca recordar siempre quién es uno en su esencia para poder mantenerse. Shakespeare me dio una familia, me dio a Romeo, y con él, la muerte; a la que recibí para escaparme de otro matrimonio, ¡ah! ¡Romeo!...
Ahora estoy aquí, frente a ustedes, que creen saber quién soy, pero si me quito este vestuario, tal como lo haré, ya no seré Julieta; vean, ahora soy la Actriz que estaba representado a Julieta, y me salgo del personaje para hablarles de Julieta, que me parece una mujer que tuvo un rol protagónico en la sociedad en que vivió, pero que solo quiere hablarles de Romeo, su amor, su tragedia, porque para eso fue presentada ante el público; pero yo quiero que miren lo que está detrás de la obra, el desmoronamiento social, los conflictos familiares, la tragedia de la mujer…
─¡Un momento!, no escuchen a la actriz, escúchenme a mí; soy Victoria, la que hace el papel de Actriz, bajaré del escenario para que no me confundan, porque en el fondo soy yo la que quiere hablar, la que está ahogada, la que ha intentado usar a la Actriz, a sus personajes para contar mis propios temores. Julieta no vivió la vida como ella hubiera querido, la tenían destinada a un matrimonio, pero el amor irrumpió para liberarla, para matarla; la actriz tampoco vive más allá de sus representaciones, no es libre; y yo ¿soy libre?, ustedes, mujeres, ¿lo son? Si la sociedad sigue siendo machista, si el espíritu de las leyes sigue bajo el peso de la costumbre varonil, ¿cómo se puede ser libre si nosotras mismas no tenemos claro lo que es ser libre?
─¡Por Dios!, Actriz, Victoria, no confundan al espectador, que luego no sabrá quién habló, si ustedes o yo, Julieta.
─Hablamos las tres y habló una, habló la mujer; y todas a la vez.