El bosque nos regala su particular mezcla de flora y animales que conviven con sus respectivas características y formas de vida y supervivencia.
Mi relato comienza en un bosque donde los arboles parecen gigantes queriendo tocar el cielo, donde los arbustos y el monte dejan poco espacio de territorio sin cubrir, donde los días y las noches tienen sonidos característicos como los que crea la brisa, la lluvia o los animales que hacen de ese peculiar entorno su hábitat.
En un día parecido a cualquier otro y muy cerca de un hermoso riachuelo, uno que reúne gran variedad de animales que vienen a saciar su sed, un hermoso venado se acerca con cierta cautela y muy atento al ruido que hacen otros animales que merodean el lugar. Las aves en los arboles trinan y vuelan de una rama a otra, por momentos es incesante su vuelo y su trinar, mientras las hojas de los arboles son agitadas por una suave brisa creando un peculiar sonido.
De pronto algo parece cambiar y tras un inusitado silencio y el vuelo rápido de un grupo de aves todo parece presagiar un peligro inminente y hacen que el venado corra veloz. Ahora el bosque ya no parece un refugio seguro y huye, huye para salvaguardar su vida.
Ese venado de algo corre, sin ver ni sentir las hojas secas que crujen bajo sus pisadas rápidas, mientras el bosque solo lo ve pasar convirtiendo en fotografía silenciosa el misterio del temor a lo desconocido, y lo desconocido tiene imagen de hombre depredador que se mantiene al acecho, agazapado, silencioso, frío y calculador; invadiendo los espacios y esperando el momento para actuar a su provecho.
Entonces el tranquilo bosque se vuelve ruido expansivo tras los disparos asesinos que ciegan una vida animal y hacen feliz al humano insensato que ahora presume un trofeo colgado en la sala de su hogar, con el cual podrá alardear con sus semejantes.