Miré mis manos
llenas de tiempo,
unas palabras
se me agolpaban.
Eran poemas,
se balanceaban
de rama en rama,
volando al viento.
Pero, cautivas
en mi aposento
quedaban mudas
en mi regazo.
Huérfanas, nunca,
pues, con mi trazo,
me hacía dueño
de su tormento.
Cartas, poemas,
locuras mías
palabras ciegas
de tu mirada
nunca volaron
hasta tus ojos
ni en tus oídos
fueron poesía.
Gracias por tu lectura!