Dame el mundo de tus ojos!
Llena mis caminos de tus pasos,
caminante.
Escribe en mis hojas vacías
las lecturas prohibidas,
los secretos hechos sílabas,
los versos de Babel.
A mis ojos, curiosos,
dales la luz de tus amaneceres
y las estrellas de tus largas noches.
No dejes colores sin mostrar.
Pon toda la música en mis oídos,
ataja el viento de la flauta,
haz que floten la lira y la guitarra.
Invoca al ancestro con el pequeño
tambor.
De olores rodea mi existencia.
Vierte el aroma del pan en cada mañana,
envuelve mis hombros con el calor del café
o despierta mi cansancio con el chocolate
del azteca volador.
Vuelve, caminante,
retorna una y mil veces.
Coloca tu equipaje
en mi mesa
para no perder el rumbo,
para no dejar escapar
la extraordinaria tarea
de llegar a ser
un caminante.