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¡Hola, comunidad!
Espero estén teniendo un hermoso inicio de semana. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes mi entrada al Concurso de microcuentos sobre vampiros y criaturas similares, iniciativa llevada a cabo por la comunidad de (
) y patrocinada por
, en homenaje a la novela de horror gótico Drácula de Bram Stoker, publicada en 1897, y «como incentivo y promoción de la creación literaria en español en #Hive», para la que escribí un microrrelato titulado Al filo de la puerta.
Al filo de la puerta
La luz que se colaba por la puerta del frente era difusa, como si el sebo se dilatara tras la gruesa madera, aunque no parecía haber pasado mucho tiempo desde el atardecer. Yo estaba recostada en el umbral. Era una noche fresca, con la brisa teñida en niebla, donde todas las formas eran indistintas a los ojos debido al espesor. Era grato estar afuera... hasta que llegó él.
Al verlo, parado sobre el patio, todo se volvió desconcierto. Quise correr, pero me hizo una seña de que esperara, y yo me contuve por reserva. Él se acercó rápidamente, me sujetó del brazo y me jaló a través de la puerta. En el piso, se colocó sobre mí y comenzó a registrar su abrigo. Un olor a niebla flotaba ahora a ras de la alfombra. Yo no podía oír sino mi propia respiración.
Bajo su sombra, la velocidad de la sangre y la inquietud, ya no reconocían en mi misma, sino a un animal extraño, presa de un impulso de la nocturnidad. Él sacó un puñal, era cosa de vida o muerte. Yo me veía tomada por los designios de la noche.
La agonía, la sed perpetua.
Él apretó su puño y sonó el corte. Una gruesa gota fresca resbaló de su muñeca y estalló sobre mi nariz sudada. Alcé el rostro y otra gota cayó entre mis labios resecos, y otra sobre mi seno pálido. El contacto tibio me acariciaba, se adhería a mis ropas, me corría por toda la piel. Olía profundamente a hierro húmedo, a ese olor embriagador de lo que encierran las venas... el olor a sangre.
Me vi incapaz de controlar mi boca que, saciándose, gemía y mordía su carne lentamente, apretando su antebrazo y abriendo su muñeca por enésima vez. Todas las formas se volvieron irreconocibles para mí, el rostro de aquel hombre, a quien tanto esperaba, se deshizo ante mis ojos, ya no recordaba su silueta.
Ante el filo de la puerta, miraba entre lágrimas a aquel compañero amoroso, que había retornado a casa esa noche para darme de comer.
Espero este microrrelato haya sido de su agrado y cumpla con las bases establecidas para el concurso. Cabe mencionar que estoy por demás agradecida por esta oportunidad.
¡Hasta la próxima!
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