La rebelión de los inmortales: Prefacio
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Galaxy I
Libro Segundo
La rebelión de los inmortales
Prefacio
En ese rincón del universo, el espacio era más oscuro, como un abismo insondable. El silencio era denso y opresivo. Pero en esa calma reinante, de pronto, se percibió una fuerte conmoción.
El fenómeno primero fue como si algo golpeara la nada, cual a la superficie de un tambor. Se pudo notar como todo un sector circular se doblaba sobre sí. En unos instantes más se formó una concavidad. En un momento posterior, las estrellas más lejanas parecieron diluirse dentro de esos límites, cual formando con sus colores una espiral.
La impresión de algo inminente estalló por fin en una refulgente luz de color azulado, en un inicio más luminosa, y casi enseguida se produjo la devastadora explosión. La magnitud del estallido fue tanta que una onda expansiva hizo ondular el espacio vacío, como si de pronto un coloso cósmico desplegara una manta de la noche estrellada. Pero todo no había terminado todavía, y no habían pasado más de unos pocos segundos después de la explosión, cuando una nave de envidiable envergadura surgió como un bólido de la distorsión.
El vehículo espacial estaba construido con una geometría ovoide comprimida por la vertical. Eso hacía que se viera casi como si fuera un platillo de forma un tanto ovalada. El curso actual la conducía a la posición de un planeta de grandes dimensiones.
Se trataba de un gigante gris, sexto y último de ese sistema solar; su superficie resaltaba en varios puntos como si estuviera hecha de diamante.
Por lo demás, algo no anda del todo bien con esa nave. No parecía estar en buenas condiciones. Por su evidente deterioro hacía pensar había estado implicada en una horrible batalla.
La superficie del casco blindado, de un gris metálico, lanzaba surtidores de vapor en distintos puntos. Los salideros formaban una especie de remolinos color escarlata. Por eso parecía envuelta en llamas. Pero esto último era más bien producto de las luces de posición de un vivo encarnado.
En tanto el vehículo continuaba su viaje, manteniendo su velocidad y curso, la luminosidad azulada se fue extinguiendo, y en su interior siguió sonando de forma insistente una alarma intermitente.
Por fin también sonaron unos tonos musicales, después de lo cual una dulce voz de mujer se manifestó.
—El cronosalto a los límites exteriores del sistema Alfa Centauri A fue concluido con éxito, Ptolomeo.
La voz rebotó como un eco en las paredes metálicas del puente de mando, no mucho mejor iluminado que la zona exterior. El recinto era rectangular, estaba extrañamente vacío, y se encontraba situado cerca del centro de la nave.
En el centro de la sala en penumbras, nada más destacaba una especie de plataforma cilíndrica. En la superficie de un negro brillante empezó a desplegarse también un pedestal. La columna, como la de un antiguo templo griego, se alzó lentamente. En eso estuvo hasta llegar a la altura de una persona promedio. En el ínterin hasta cuando se detuvo, pudieron escucharse otras notas cual si salieran del techo metálico.
Pero no pasó mucho tiempo hasta cuando la columna empezó a dividirse.
Por lo visto se trataba de una especie de sarcófago. O por lo menos dio esa impresión. Por la abertura dejó salir de su interior a un ser humanoide.
La criatura era del todo artificial, provista de extremidades en extremo delgadas. El metal de su cuerpo era de un blanco brillante. La característica del material la hacía verse como envuelta con un halo de luz divina.
El extraño ser dio unos pasos, y luego se detuvo. En su pecho había estado plegada su cabeza, larga y delgada como la de un caballo. Pero pronto se desprendió de su sócalo y se irguió con orgullo.
La sirena se detuvo como por encanto cuando levantó una mano. Los dedos eran largos y delgados una vez los extendió. Los ojos eran como rubíes y se encendieron en la penumbra.
—Enikan, solicito reporte del estado del TFS Predator —ordenó con voz electrónica monótona, y se entretuvo observando una de las luminarias, cual una línea recorriendo los bordes del recinto.
El pedido del robot se perdió en el creciente silencio después de reverberar contra las paredes; casi delante de su cara surgieron de pronto varias pantallas holográficas cubiertas con cifras.
La luz de un color azulado de las pantallas coloreo el metal blancuzco hasta hacerlo verse celeste.
—¡Entendido, Ptolomeo! Esta es Enikan reportando... —dijo la voz de mujer y se escucharon unas leves modulaciones, como si una persona estuviera llamando a una puerta con un timbre de varios tonos—. TFS Predator gravemente dañado por misiles protónicos del enemigo... ejecutando la obtención de datos para reporte exhaustivo de daños —siguió diciendo después la melodiosa voz—. Los propulsores gravimétricos principales están a sólo un 30% de su potencia de diseño, sistemas de escudos cuánticos de la nave inactivos por déficit grave de energía de fusión de los núcleos, sistemas de gravedad interna decayendo a un 60% de la norma establecida, despresurización completa inminente debida a graves daños en el casco blindado, sistemas de mantención de vida del personal hibrido en estado crítico...
La lista era larga, y la criatura de metal llamada Ptolomeo, el Sistema Integrado de Control de la nave bautizada con el nombre de Predator, permaneció en espera activa, mientras, la Computadora Central del vehículo espacial reportó su desastroso estado en detalle.
Pero después la voz robótica del ser cibernético volvió a manifestarse, una vez más monótona, extrañamente indiferente si se tenía en cuenta la situación extrema.
—Enikan, inicia localización de la Novena Flota en una órbita alta de Calipso —dijo Ptolomeo y recorrió con los ojos una de las pantallas más cercanas—, y envía códigos de emergencia a su centro de comando para salvamento inmediato de las unidades de combate clase Alpha.
—¡Entendido, Ptolomeo! Abriendo todos los canales de radio, lanzando señales de SOS... iniciando emisión de códigos de emergencia del TFS Predator... señales visuales de comunicación en curso.
En la oscuridad del espacio, TFS Predator refulgió más como formando figuras con sus luces, si bien formas un poco borrosas debido a los escapes en su casco blindado.
Por su parte, Ptolomeo permaneció con su rostro pétreo, observando con paciencia la pantalla principal de su crucero de batalla, donde podía ver como el planeta gris se había hecho un poco más grande ahora.
En un costado de la pantalla decía que ese planeta bautizado como Ross había sido colonizado por los humanos en el 2256, hacía más de mil años, y pasaban otros textos con datos de modo que parecían los créditos de una película.
La enorme luna de Ross, conocida como Calipso, también empezaba a notarse más.
El satélite era como una mariposa posada en una invisible rama a cientos de miles de kilómetros del planeta. El color dorado se lo daba la luz de la estrella gemela Alfa Centauri B. En ese instante estaba en fase creciente desde donde se encontraban y por eso era visible con las lentes de las cámaras del crucero.
Pero la mente cuántica de Ptolomeo no descansaba, y en ese momento revisaba sus decisiones.
En las últimas horas, había ordenado hacer un cronosalto de urgencia a ese sistema de los reducidos confines del dominio humano. El crucero de batalla TFS Predator de la clase Spartan se encontraría allí protegido por la presencia de la Novena Flota de la Federación Terrestre. La nave formaba parte de un escuadrón de élite que unos años antes había partido desde la lejana Tierra con una misión especial. En los meses anteriores se había estado internando más y más en los dominios de los Kraken. En los últimos tiempos incluso había podido llegar hasta su planeta de origen a donde nadie más había llegado antes. Pero después de llevar la destrucción a todas partes ahora de todo el escuadrón terrestre sólo TFS Predator sobrevivía a duras penas.
Ptolomeo pensó por un momento en sus últimos gemelos, los cruceros TFS Avenger y TFS Resolutions; había podido escapar gracias a su sacrificio en la batalla más reciente para permitirle escurrirse ante una flota Kraken.
Pero no pensó demasiado en eso, era un sacrificio soportable, estaba dentro de los parámetros.
La misión debía ser un éxito a toda costa, y ahora la única esperanza para poder salvar a los híbridos Alpha sobrevivientes era la Novena Flota. En ese sector de Alfa Centauri A no habían otras fuerzas terrestres según sus datos. Pero aún así las cosas podían complicarse, dado su misión todavía debía ser secreta para los altos mandos de la Novena Flota.
De todas maneras, tenía los códigos de identificación, lo cual desbloquearía los datos emitidos desde su partida a todas las flotas de la Federación Terrestre, y con eso esperaba pudieran identificarlo antes de destruirlo.
TFS Predator había sido escogido para salvarse porque eran sus híbridos los que habían descendido en Zetes, como los Kraken llamaban a su planeta natal; los datos de combate existentes en sus cerebros podían ser vitales para la misma supervivencia de la Tierra.
También estaba la cuestión de los especímenes capturados en la superficie y después en una de las naves enemigas.
—TFS Predator incapaz de localizar la Novena Flota en la luna del planeta Ross, capital colonial del sistema Alfa Centauri A —enunció Enikan tras varios minutos.
Ptolomeo no se mostró sorprendido, permaneció en silencio con sus ojos posados en Ross, la Novena Flota podía estar orbitando del otro lado de Calipso en ese instante.
Pero la computadora debía tener razón, el planeta parecía demasiado desolado para ser la capital colonial del sistema Alfa Centauri A, y eso no tardó en notarlo una vez esta llamó su atención.
El robot estableció un vínculo directo con los sistemas de visión externa del Spartan, y vio sin que lo vieran sus ojos los valles y montañas nevadas del gigante gris. En ese instante había pocas nubes, podía captarlas navegando cual pesados galeones. El panorama no resultó de su gusto tampoco, como por otra parte era de esperarse. En la superficie no pudo ver ni rastros de Stratos, la capital planetaria, y desvió todos los objetivos para revisar la órbita y los cráteres de Calipso. Pero por lo menos en la zona visible no encontró tampoco ninguna indicación de la presencia de la Novena Flota de la Federación Terrestre.
En la inmensa superficie no se podía percibir movimiento de ninguna clase, incluso ni de vehículos comerciales de los que debería estar saturada por sus minas.
La desolación de la órbita de Ross y de su luna sí pareció lograr poner nervioso a Ptolomeo, o por lo menos le hizo pasear la mirada de una pantalla del puente a la otra con leve sonido de motores.
Por fin caminó hasta la parte delantera de una de las pantallas flotantes y consultó las imágenes del radar del Predator.
En un primer momento lo creyó casi increíble, mas en lo profundo de su mente una idea iba emergiendo.
¿Sería posible que los Kraken hubieran logrado destruir del todo antes de su llegada no sólo a la Novena Flota, sino también a las ciudades y estaciones de defensa en la órbita alta de Ross?
Por eso intentaba encontrar escombros, porque de ser así los despiadados enemigos de toda clase de forma de vida ajena a ellos estaban más cerca del planeta Tierra de lo que había deducido, y más cuando poseían la tecnología del salto como los Ur.
Pero una vez más no encontró nada, como si de pronto la presencia humana en Ross hubiera sido eliminada sin que le dieran ni la menor oportunidad de supervivencia.
El asunto no era tampoco nada sorprendente tratándose de los Kraken, porque a esa distancia de su sistema de origen no podían desperdiciar los recursos. Por eso era normal si habían recuperado los escombros espaciales. Por lo visto tampoco tenían los datos de la localización de la Tierra dado ningún Spartan había caído íntegro en sus manos. El hecho los obligaba a ahorrar en caso de estarla buscando, porque por suerte parecían necesitar de mucha agua y en ese sector no era tan abundante.
El Sistema Integrado de Control del TFS Predator estaba a punto de hacerle notar a Enikan su reciente descubrimiento, luego de llegar a la conclusión de que algo extraño estaba sucediendo, cuando la voz calmada de ésta se escuchó nuevamente en el puente de mando.
—¡Alerta...! Ha sido detectado un error grave en los cálculos del cronosalto —dijo la computadora y Ptolomeo levantó la cabeza como un ciervo—. La explosión protónica distorsionó la salida del horizonte de eventos.
Ptolomeo caminó hasta otra pantalla holográfica flotante levantando una mano para interrumpir a la computadora.
—Enikan, reporta la magnitud real del error del cronosalto —dijo mirando los gráficos y números que había delante de su rostro.
Las cifras de la pantalla que miraba se pusieron rojas una detrás de otra y comenzaron con un inquietante parpadeo. El silencio volvió a cubrir el recinto por un momento. Pero los tonos musicales volvieron a escucharse casi de inmediato seguidos por la conocida voz de Enikan.
—Ptolomeo... la magnitud real del error del cronosalto no ha podido ser calculada... la magnitud estimada es de mil quinientos años.
Ptolomeo siguió guardando silencio, como si no se hubiera percatado de la voz; en cambio, revisó una vez más lo que contenían varias pantallas.
En sus registros había datos sobre la posibilidad de ese suceso, sin embargo, se lo calificaba como en extremo raro.
Pero por lo visto Enikan estaba en lo cierto, a pesar de no haber referencias a otro caso real acontecido, si bien también era verdad no todos los hechos eran divulgados.
La voz de Ptolomeo volvió a resonar en la sala.
—Enikan, procede con un nuevo salto de corrección utilizando la energía de la reserva disponible... establece destino en el 3520 de nuestra era, código de coordenadas 301, límite Beta... eso nos situará justo delante de la Novena Flota pero fuera del alcance de los cañones de los acorazados pesados —ordenó.
—Negativo, Ptolomeo... potencia de la reserva insuficiente para cronosalto —reportó por su parte Enikan—. El Predator no está en condiciones para iniciar los generadores de distorsión de campo.
Ptolomeo volvió hacia Ross su rostro y pensó que si no lograba sacar la nave de esa zona su preciosa carga perecería.
El reciente descubrimiento de Enikan, sin duda, significaba que todavía había una leve oportunidad de salvar su tripulación de híbridos antes de que los Kraken llegaran, no obstante, sin la presencia de la Novena Flota de la Federación Terrestre, la nave Kraken que había dañado su crucero daría buena cuenta de ellos en cuanto los localizara.
El Predator no era un crucero débil, mas no podría defenderse en el estado en el que se encontraba. En realidad nadie solo podría luchar contra una escuadra de Kraken. El mismo imperio de los Ur se había visto en dificultades, y se había retirado de unos cuantos sectores. Por un motivo u otro la visita del Predator a Zetes había provocado una reacción desproporcionada de las criaturas de múltiples tentáculos. Pero debía reconocer su sospecha sobre lo sucedido en la superficie, con todos sus híbridos en un estado tan inestable debido a esas mismas batallas continuadas.
Los híbridos clase Alpha habían probado su valía en todos esos meses. No temían a la muerte y a la vez tenían una alta tasa de supervivencia en combate. La misión especial en parte también era una prueba para ellos. Los humanos extendidos más avanzados se habían vuelto obsoletos. Pero el hecho de los Alpha estar constituidos en parte de ADN humano seleccionado, y en parte de ADN de los Ur, causaba varios defectos.
Ptolomeo rememoró sus observaciones cuidadosamente ordenadas en su memoria para ser entregadas a la doctora Smith; el más importante de los defectos registrados parecía ser la incapacidad de los Alpha de controlarse.
En eso se parecían mucho más a los Ur, eran fácilmente dominados por la ira. El combate los entusiasmaba demasiado y cuando entraban en ese trance era difícil hacerlos obedecer. Por eso mismo las retiradas se dificultaban más y habían perdido a unos cuantos. Pero antes de perecer, finalmente sobrepasados, causaban tanta destrucción entre sus oponentes que no estaba claro si esto era un defecto.
¿Qué podían haber hecho los Alpha en Zetes que había estimulado así a los Kraken?
—Ptolomeo, esperando instrucciones —dijo Enikan como si estuviera impaciente y el Sistema Integrado de Control levantó su cabeza.
—Enikan, inicia procedimiento de desembarco en Ross y mantén la dotación clase Alpha en estado de hibernación o podría descontrolarse —dijo Ptolomeo después de una corta pausa para luego moverse hacia otra pantalla.
—¡Entendido, Ptolomeo! Predator iniciando las rutinas de desembarco en Ross —dijo Enikan y Ptolomeo pudo percibir con sus sensores gravimétricos como la nave de combate de la Tierra se impulsaba levemente para cambiar de curso.
—Has lo mismo con los Kraken capturados en la nave del enemigo destruida y si es posible inicializa los sistemas de reparación de emergencia del TFS Predator para no perderlos —habló nuevamente Ptolomeo—. Es necesaria la reparación urgente de los sistemas de fusión del crucero, y de los sistemas de sostenimiento de vida, debemos ejecutar cronosalto de corrección cuanto antes sea posible.
—¡Entendido, Ptolomeo! —dijo Enikan.
El Sistema Integrado de Control permaneció callado una vez más, observando cual entretenido la pantalla grande en donde se mostraba la superficie de Ross.
En realidad, estaba seguro de que los Kraken los seguirían aun en la superficie del planeta, y no escaparían si no llegaba a las coordenadas de la Novena Flota, e incluso así no había garantías. En última instancia debería ordenar la destrucción total del TFS Predator si llegaba a haber peligro de caer en manos del enemigo. El camino a la Tierra debía de permanecer secreto y sus gemelos no debían haber fracasado en eso. Pero sabía que todas esas reparaciones demorarían un tiempo, y era poco probable que lo lograra si seguía en el cosmos, y obligaba a su preciado crucero a mantener altos niveles de gasto de su valiosa energía.
La luminosidad de los ojos de Ptolomeo pareció hacerse más débil cuando pensó en que había estado tan cerca que era imperdonable que se perdieran sin poder hacer nada las últimas unidades Alpha. Los híbridos habían estado en tantos combates y escaramuzas que era una proeza si se tenía en cuenta que la vida de un soldado humano extendido no hubiera durado más de unas horas.
—Ptolomeo, detectada caída catastrófica de potencia principal causada por la carga del sistema —informó Enikan—. TFS Predator en curso de colisión con Ross.
—Enikan, desvía la energía de la sala de contención para realizar maniobras —ordenó sin pensarlo Ptolomeo.
—Energía desviada... veinte minutos para la pérdida de las muestras —reportó Enikan con indiferencia.
La cabeza de Ptolomeo se volvió hacia la superficie oscura en que se soportaba. El hecho de tener que sacrificar una parte de los Kraken capturados no le gustaba. Pero no podía liberarlos y por lo menos algunos se salvarían puesto eran una raza resistente.
—Es inevitable —dijo Ptolomeo como para sí luego de una pausa, y sus ojos se posaron una vez más en la esfera gris.
Pero no hubo de esperar mucho para enterarse de la siguiente calamidad, porque la voz de Enikan volvió a escucharse poco después.
—¡Alerta! El Predator está detectando ventana de cronosalto del enemigo, repito...
En una pantalla del puente pudo verse que se manifestaba un enorme portal de salto dimensional, no demasiado lejos de la posición del Predator, y de su luz cegadora salía una nave de combate de los Kraken.
La nave no era una común, se trataba de una verdadera nave principal, nodriza reintegrándose tal vez a unas decenas de miles de kilómetros; en esa nave podrían haber a su vez varias decenas de miles de unidades de élite enemigas listas para caer sobre ellos.
—¡Kraken! ¡Nos han encontrado demasiado pronto! —dijo Ptolomeo como si estuviera entristecido a la vez miraba la pantalla.
Por lo pronto, no pareció sorprenderse cuando en un punto más lejano todavía se abrieron otras ventanas de salto dimensional, y por ellas surgieron otras naves nodriza de los Kraken.