Esos ojos fueron los faros que iluminaron mi camino, y por eso me quedé.
Me quedé... porque esa sonrisa me daba el calor que necesitaban mis días de invierno y hasta los de verano.
Me quedé... aunque su camino y el mío parecían ser diferentes.
Me quedé... incluso cuando descubrí que era cierta mi sospecha sobre nuestros caminos.
Me quedé... cuando vi en repetidas ocasiones la transformación del amor en odio, y viceversa.
Me quedé... cuando la indiferencia fue el mejor arma.
Me quedé... cuando vi el pasado apoderarse del presente sin respeto alguno por el futuro.
Me quedé... para poco a poco no volver jamás.