Hola mundo HIVE, regreso después de un tiempo ausente de publicar con un cuento de mi autoría.
Cuando decidimos ser médicos, la lucha contra la muerte es uno de los mitos más communes, pero en algunas ocasiones, somos solo un barquero para almas en transito.
Quizás, por el trasnocho del día anterior al celebrar con mis amigos, el hecho de que, a pesar de todos los pronósticos, al fin me graduaba de médico, o tal vez por el solo aburrimiento, pronto, caí en un profundo sueño mitológico:
Esperaba e un espantoso lugar, oscuro, frio, rodeado de una multitud anárquica que, entre empujones, se movían rumbo al muelle.
Mientras se acercaba el lúgubre barquero, un hombre alto, encorvado, de larga barba y mirada vacía, con el remo haciendo de timón, acomodó su barca en el atracadero a orillas del rio Arqueronte, a la espera de sus infortunados pasajeros.
Éstos, a un ritmo monótono se aproximaban a la embarcación, entre los desdichados, estaba yo, que ahora comprendía la situación confusa en la que me encontraba.
Aquel barquero, abría sus huesudas manos para recibir el óbolo de plata, dos para ser exactos, si el desafortunado pasajero no los tenía, el barquero lo apartaba sin palabra alguna, tan solo con una mirada fría capaz de secar el alma, lo condenaba a cruzar a nado el infernal rio lleno de almas desoladas que, tratando de escapar de sus aguas, se hunden irremediablemente unas a otras.
Mi turno se acercaba y en mis manos no había monedas, la multitud tras de mi, me empujaban hacia el barco, apresuraban mis pasos que en vano se negaban a proseguir.
Inevitable ante mi destino, llegué frente al barquero, sin nada que darle, su mano se extendió hacia mí, Caronte, fijó su mirada, al notar que no tenía las monedas de plata.
Sin nada que lo pudiera evitar, Caronte tomó mi mano, me hizo subir al barco, me condujo al timón, sin dudarlo, me lo entregó. Ante esta situación no pude negarme, desde ahora yo llevaría aquella barca, por el río de almas en penas, por el resto de mi vida
Desperté con un susto en el alma, mientras entre empujones y bromas, mis compañeros me apresuraban para que subiera al pasillo que me conduciría ante el equipo rectoral, para recibir mi título de médico, de las mismas manos del rector de la Universidad.
El rector, extendió su mano con mi título de médico en ella, fijó su mirada en mí, un escalofrío recorrió mi espalda, esa mirada me recordó a la de aquel lúgubre barquero del inframundo, mientras me delegaba el timón de su barca.
Gracias por leerme
De la mano de Caronte, ahora soy el barquero, es un cuento corto de mi creación.
Ramses O Perez G, Médico y escritor ocasional de narrativa ligera