Mis culpas, mis miedos,
mis complejos y defectos,
me miran en la cama,
sonriendo, con látigos en las manos,
máscaras graciosas y sus vaginas mojadas.
Se ordenan por turnos,
a succionarme el alma y el semen,
mientras me tapan la boca.
Les excita que que desespere,
les encanta verme a los ojos llorosos .
Se quieren reproducir.
Se quieren saciar de mi,
como si les debiera algo,
pero yo no las invité aqui.
Se sientan en mi cara,
mientras quieren que diga sus nombres
y sus historias, que son largas,
para correrse de gusto
y mojarme la alhomada.
Me amarran a la ventana,
me golpean con trenzas.
Esas que tengo guardadas
en los zapatos con grietas.
Me dicen que todo es mi culpa,
que no valgo nada,
que sin ellas no soy nadie,
ya que ellas me hicieron quien soy.
Hasta que les digo,
y desde el fondo les grito
que eso no es del todo cierto.
Porque sí, por ellas soy asi,
pero no más de ahí.
Sus momentos terminaron
el dia en que desperté
en esa silla de juzgado
con una máscara de culpable puesta,
aunque con los dientes me la quité.
“No soy quien están buscando
Por favor suéltenme” dije esa vez.
Revisando mis huellas,
las marcas de mis suelas
y el ADN de mis uñas:
negativo en todas las pruebas dí.
“Dejenme ir” otra vez, pude decir.
Al final mi mente me soltó,
y aquí me quedé,
respirando con fuerza,
mientras mi sangre circula,
nerviosa y carbonatada
dentro del casco
donde está el culpable.
Él y su laboratorio de drogas chinas
donde no hacen dopamina.
Cada escrito que voy a compartir simboliza algo que he sentido en un momento específico de mi historia, y es el proceso de poder explicarlo en palabras, para poder estudiarlo en un futuro y entenderme mejor.
Espero que éste texto les guste y les haga pensar en partes iguales.