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¿Dónde empieza una historia? Spoiler: No necesariamente debe ser en el capítulo 1
Saludos a la comunidad de #Literatos y en general a todos los usuarios de #Hive. Hoy quiero hablarles de algo que como autor novel, concretamente del género de la ciencia ficción, me ha causado siempre cierto conflicto: ¿cómo empezar una novela sin abrumar al lector con la descripción del mundo en que se ambienta la trama?
Para otros géneros esto no es muy relevante, pero cuando se trata de géneros como la fantasía o la ciencia ficción, la creación de un mundo ficticio (Worldbuilding) es un factor fundamental dentro de la narración, por lo que su explicación tiene una prioridad similar a la de la propia trama principal. Para un lector de estos géneros, es casi tan valiosa la ambientación del universo en que se desarrollan los acontecimientos, como la historia en sí misma.
Antes del 'Había una vez'
De modo que, si no se relata gradualmente lo que el estudioso de la ciencia ficción Darko Suvin y otros expertos califican como Novum, es decir, las innovaciones tecnológicas ficticias presentes en la historia, es probable que el lector pierda interés en continuar la lectura. Por lo tanto, no se debe prolongar demasiado la espera, para comenzar a presentar ese tipo de elementos en la narrativa, y lo más adecuado es hacerlo en paralelo con el desarrollo de los eventos que viven los personajes.
Sin embargo, en ocasiones, debido a la densidad de los conceptos y antecedentes pseudocientíficos que se pretenden incorporar, se hace necesario realizar una especie de introducción o preámbulo donde ofrecer algún grado de contexto, para que la trama pueda iniciar y avanzar sin una carga inconveniente de sobre exposición.
Esto genera a la vez dilema y debate, ya que se suele afirmar con ligereza que la utilización de una introducción o capítulo cero, no es más que infodumping o descarga masiva e innecesaria de información. Este punto de vista, generalmente propio de quienes no suelen escribir ciencia ficción y en especial ciencia ficción dura; si bien tiene un asidero real, no deja margen para los matices que cada obra presenta.
El arte de empezar antes del principio
Por lo que desde mi perspectiva, es más correcta una postura flexible al respecto, en la que se valoren con objetividad los inconvenientes, pero también los potenciales beneficios de usar como estrategia, la implementación de un texto previo al primer capítulo, con el propósito de iniciar la narración de la forma más inmersiva posible para el lector.
Hay que admitir, que al emplear un prefacio o un preludio, se corre el riesgo de romper la inmersión del lector, ya que esa parte del texto con facilidad puede sentirse como un manual de instrucciones, sin conexión directa con la trama. Además, si se revelan anticipadamente demasiados detalles, se le pudiera estar restando intriga al desarrollo de los acontecimientos, que serán narrados posteriormente. Esto sin mencionar, que algunos lectores, puede que pasen por alto esa parte y comiencen la lectura a partir del capítulo uno.
No obstante, en determinadas historias, no todas por supuesto, me refiero concretamente a aquellas en las que el contexto ficticio es complejo e intrincado, puede ser difícil y hasta contraproducente, intercalar la descripción del mundo junto con la actuación de los protagonistas. Dado que, puede perderse el foco narrativo, haciendo que la lectura se disperse entre una cosa y otra, provocando con ello, que el avance de ambas líneas argumentales se ralentice, decaiga el ritmo y el atractivo de la obra disminuya.
En cambio, utilizando adecuadamente un prólogo para plantear las bases científicas en las que se sustentará la trama, es posible avanzar más rápidamente y dejar el camino libre de interrupciones, para que la historia central se desenvuelva sin mayores obstáculos. Un buen ejemplo es el libro “El problema de los tres cuerpos” de Liu Cixin, donde se aprovecha un supuesto precedente histórico, dentro del cual se explican las bases científicas necesarias para el resto de la narración.
Obviamente, no se trata de arrojar información a la cara del lector, solo por el deseo del autor de explicar el mundo que ha construido. Este es un recurso que se debe evaluar muy bien antes de utilizarlo y solo aplicarlo cuando la historia así lo requiere. Lo ideal es que se vincule estrechamente con la historia, para que no se sienta como algo por completo inconexo. Para ello, puede ser conveniente enmascarar la explicación dentro de una situación que pueda ser narrada, de tal forma, que no se quede en una simple explicación técnica.
Incluso podría tratarse de la narración de un evento futuro, pero en ese caso, lógicamente, es fundamental que se evite la revelación de spoilers indirectos. En definitiva, lo más recomendable es que se haga de forma visual, intentando mostrar, no contar, y que la extensión de ese fragmento de texto sea considerablemente breve y concisa. Únicamente los conceptos que tengan un efecto o relevancia para toda la historia deben incluirse allí.
Aunque no he hecho mayor distinción entre un prólogo, un prefacio, un epígrafe… existen diferentes términos para referirse a estos textos introductorios, cada uno de ellos tiene sus propias características y utilidades. Espero hablar sobre ellos en una próxima publicación.
El texto de esta publicación es completamente original y de mi propia inspiración, espero que sea de su agrado, muchas gracias por dedicar una parte de su valioso tiempo a leer este contenido. Sería un placer recibir sus comentarios al respecto. Saludos.