Quiero decirlo sin mucho rodeo: ¡Te quiero desde la raíz misma de mi ser! Ya sé que no soy ese que tu amas o esperas amar; no soy nada de lo que Tú idealizas en tu mente enamorada... Los rasgos no me favorecen —ya sea por la genética o la maldita tv—, además de que lo social y económico me son adversarios a mi deseo de tenerte.
(Por dentro) soy un tipo bien, un tipo al que cualquiera esperaría, pero (por fuera) no soy tu tipo . ¡Que irónico! Sí auscultaras mi corazón; sí desandaras por mi mente o sí saboreases mi boca, puede que me vieras a los ojos. ¡No! No debo acudir al poema, ni al poeta para decirte estas cosas; tal vez al humano (con todo y sus oscuros deseos y sus auras castas).
¡Quisiera ser bonito, deseado, perfecto. Quisiera no tener esta nariz o este cuerpo; quisiera no ser yo tan yo para ser mas tuyo, mas para ti!... Quisiera no quererte de este modo tan "a lo Sabines"...
En el mundo hay espacio para todos, es lo que me repito a diario; lo desayuno, lo almuerzo, lo ceno... Lo sueño, lo engendro. Necesito creer en esta irreverente oración y la baño con una fe absurda para seguirte viendo, esperanzado, e inventando el día "tal" en que te detendrás frente a mi y dirás: "te estaba esperando, ¿por qué tardaste tanto?" ¿Puedes siquiera imaginar lo que esa sola oración produciría en mi?
En el abismo donde yazgo ignorado por tus ojos, tus manos y tu voz, clamo a un dios antiquísimo: uno verdaderamente amante del amor... pero no de cualquier amor, sino del que arde y quema, del que somete y asfixia sin llegar a matar; del amor masoquista, pero puro en deseo e intención. Le pido a ese dios para que me libre de esta miserere estancia y me eleve a la altura de tu vida; que nos haga toparnos y veas mi risa (la que dicen que enamora, lo único que me sé enigmático)... ¡Si pudiera sonreírte! Frente a ti mi sonrisa seria única. Te reiría a cada rato —si con ello te enamorase— y siempre para ti, sólo para ti y por ti.
¡Ay, si fuese mío un día de tu vida!... Dame, por ejemplo, los días de tristezas y yo te los haré alegres; dame los días fúnebres y pintaré cielos y arcoíris sobre su gris... te los sembraré de vida; dame los días de agria rutina o los de suicidios, dame los días que no te gustan, esos que odias, que yo los amaré con arrebatadora pasión divina... ¡Qué feliz sería!...