En ocasiones los sueños son tan extraños que aún no termina dándose cuenta de que solamente son sueños, pero mientras el asombro dura, uno empieza a imaginarse cosas, hacer comparaciones.
Estaba caminando tranquilamente en la plaza que está frente a la catedral, la segunda campanada la iglesia sonaba como a una lata oxidada. Una multitud de personas se acercaba con similar apariencia, todos vestidos en tonalidades de gris a negro, con las manos en los bolsillos y moviendo la cabeza hacia atrás y hacia adelante conforme se movían. Cuando vi esta escena quise hacer lo mismo, para no desencajar, pero apenas di los primeros pasos y me lastimé el cuello, no pude evitar comparar a toda esta gente con el caminar de las palomas. Cuando desperté me dolía el cuello y la cabeza.
Historia corta y dibujo