Con esta prosa poética me uno al homenaje que la comunidad de #Literatos le hace al escritor Marcel Proust con este concurso.
Aprovecho para invitar a y a
Memoria Dispersa
A veces se vienen esos recuerdos, muchos he olvidado, son esas imágenes que te abrazan en la soledad, episodios que sorprenden porque atizan momentos tan alejados de esta otra realidad. Esta que vivimos en medio de duras circunstancias.
En esas imágenes, veo a mi abuela paterna, la única conocida, su cabello suelto era un río de historias, anécdotas que desnudaban las travesuras familiares, contadas bajo la sombra de un árbol perdido en la desmemoria. Mis primas navegaban con las peinetas para terminar aquellas largas trenzas grises en una danza de risas.
Así mismo, en aquella casa de largos corredores, las ánimas se acercaban por las noches en un murmullo largo de rezos, procesión que se perdía en la oscuridad. Yo las escudriñaba por los resquicios de una ventana.
Había noches que movían la hamaca dónde yo dormía, sabían que mis ojos irían tras ellas, para que yo pudiera tener un cuento para esas tertulias familiares que generalmente terminaba con largos silencios y bostezos prolongados.
Mi voz prefería quedarse fijada en aquellos garabatos que yo dibujaba, escondido en cualquier rincón, ellos conservaban mi memoria gráfica.
Podía perderme en esos mundos producto de mi imaginación de muchacho tonto y tímido, con esos miedos que nunca faltaban.
Esperaba que mi mamá, al llegar de su trabajo, me preguntara por aquellos viajes, pero Ella solo esperaba otros cuentos, los que mis tías le guardaban de las travesuras qué hacían los hijos en su ausencia.
Mis hermanos eran personajes lejanos donde mis recuerdos no entraban, aunque sí podía entrar en los terrenos sembrados de maíz, perseguir fantasmas y cabalgar con caballos de madera.
Ahora ando buscando en el espejo un reencuentro con esas sombras que el viento hacía correr entre los maizales, que dejaban mis brazos cortados y el orgullo de héroe no favorecía mis batallas solitarias.
No he dejado de mirar ese camino donde un árbol genealógico crece en constante dispersión, no sé cuántos rostros he olvidado o simplemente no conocí, otros se han ido en silencio, aupados por alguna anécdota indecorosa; ahora estoy solo, en ese punto de la historia donde crece la nostalgia y el anhelo de seguir persiguiendo fantasmas, son los que hoy pueblan mis historias y ven mi rostro cambiado desde el otro lado del espejo.
La imagen de Marcel Proust fue tomada del periódico El Nacional Enlace
La imagen de portada fue generada con Bing y editadas con PhotoScape.