Así comenzaba siempre la charla de Tommy y su abuelo, quien vivía en las afueras de la ciudad completamente solo, y que para variar, solo era Tommy quien se atrevía a visitarlo por lo alejado del lugar. Muchos creían que era un viejo desdichado, pero la verdad era distinta, y esa solo la sabía Tommy.
Un viejo empresario retirado, quien vio a su esposa fallecer hacía apenas 4 años a causa de un cáncer que no perdona, y con hijos hechos y derechos, la verdad no veía viable, tener que irrumpir en sus vidas, convirtiéndose en una carga para ellos.
Fuera de lamentarse por la pérdida de su compañera de vida, aquel anciano hizo lo impensable, y vendió la casa de toda su vida, donde crecieron sus hijos, y compró una modesta cabaña en las montañas. Más allá de los lamentos de sus hijos, la verdad es que el abuelo de Tommy hizo caso omiso a sus advertencias, después de todo gozaba de buena salud, dinero ahorrado, y una pensión que le permitía vivir tranquilamente el resto de sus días. Claramente, lo difícil era separarse de su nieto Tommy.
Tommy siempre fue muy apegado a su abuelo, creció mirándolo y desarrollaron un fuerte vínculo que se mantuvo hasta que su abuelo decidió partir a las montañas. Increíblemente, fue Tommy quien termino apoyándolo en su decisión, porque aunque destrozado, sabía que su abuelo estaría feliz de vivir esa experiencia, y quizá para su propio provecho sería una excusa perfecta visitarlo en un lugar menos ajetreado que la ciudad.
Los domingos eran los días ideales para visitar a su abuelo, Tommy se iba por las mañanas, hasta el lunes muy temprano, cuando su abuelo lo llevaba nuevamente a la ciudad para llegar a tiempo a la escuela. Una actividad que era fija, y que siempre se daba porque realmente Tommy adoraba pasar tiempo con su abuelo, sin embargo, en cuatro años, jamás habían conversado de la abuela, ni de por qué decidió irse lejos, tan solo disfrutaban ese tiempo de calidad.
Una buena noche, Tommy se sentó a escuchar a su abuelo y sus historias, pero no pudo aguantar, luego de tanto tiempo, preguntarle por sus motivaciones, y la razón por la que decidió alejarse de todo. Ciertamente eso no afectaba su relación en lo absoluto, pero como una persona que siente, Tommy quería saber que pasaba por la mente de su abuelo.
Su abuelo un hombre sabio, le diría unas palabras, que incluso luego de su fallecimiento, dejarían en Tommy una muy bonita enseñanza:
"Querido Tommy, que te puedo decir, ya no soy el hombre que una vez fui, pero no quiere decir que no sea autosuficiente. El irme cuando tu abuela falleció, fue un noble acto de rebeldía, pero uno justo, porque que si me quedaba allá, la tristeza me consumiría porque la casa donde viví por tanto tiempo me recordaría a ella. Vivir contigo y tus padres, o en casa de tus tíos, era inviable para mí, porque me verían como alguien vulnerable, y aunque si lo soy, que ellos me lo recordaran a cada rato me haría más mal que bien.
Decidí venirme a un lugar alejad, donde apenas si tengo vecinos, porque sé que es la clase de vida que mis hijos detestan, porque siempre vivieron en la ciudad, pero que en mi caso, añoraba desde hace mucho tiempo.
Y aunque tu abuela me entendía como nadie, la verdad es que tanto apego me volvió dependiente, y en honor a ella, quisiera pasar mis últimos años valiéndome por mi mismo, y no siendo una carga. Y si bien vendí la casa donde mis hijos crecieron, el precio más allá de lo monetario es saber, que ahora me siento en paz conmigo mismo en este pequeño espacio que tú visitas cada domingo.
Cuando parta a reunirme con tu abuela en el cielo, esta cabaña será para ti, porque quizá conozcas esa paz que yo conocí acá, pro también como recordatorio que si estás tranquilo, y en paz, será un tesoro inigualable para ti
Un año pasó después de aquella conversación cuando el abuelo de Tommy falleció, no sin antes dejarle un regalo a su nieto, y no, no fue la cabaña, sino más bien una buena enseñanza.