El amor de una pareja atípica en Brasil, oscurecido por la maldad.
Sucedió en Brasil, específicamente en la ciudad de Río de Janeiro, relativamente cerca de la conocida playa de Copacabana a finales de los años 90, cuando el turismo comenzaba a afianzarse con fuerza en la región carioca.
Por una parte; el desarrollo de grandes complejos hoteleros colmaba toda la costa de la ciudad con grandes torres tipo rascacielos, famosos clubes nocturnos, bares y zonas de esparcimiento para viajeros de una multitud de países que veían a Brasil, como su sitio de destino perfecto para pasar las vacaciones de ensueño, o simplemente unos días de descanso para trabajadores ya en retiro.
Y por la otra parte; estaba la realidad en el cinturón de miseria que rodea a la ciudad en asentamientos de casas improvisadas construidas sobre las montañas de las afueras, conocidas como favelas o barrios. En su mayoría habitadas por personas pobres atraídas del campo a la ciudad en busca de mejores trabajos y salarios. Estas personas humildes representan alrededor del 70% de la mano de obra de la pujante industria del turismo
Está cerca el final del mes de febrero, las playas de Brasil se encuentran a reventar de turistas extranjeros por la proximidad del carnaval, la festividad más importante de este país. Su celebración comienza con el atardecer del viernes, son cuatro días de realismo mágico y cultural, hasta las 12 meridiem del día miércoles de ceniza, marcando 40 días antes de Semana Santa. Manifestaciones culturales, música, desfiles, y por encima de todo el ritmo de la Samba que los brasileños llevan por dentro, se dan cita en esta festividad para rendir culto a sus ancestros y enriquecer la historia oral de su país, contando cómo los acontecimientos de la época colonial originaron tan exótica mezcla de razas y costumbres.
El Carnaval es una celebración profana que abre las puertas a privaciones religiosas, tiene su origen en las celebraciones romanas de entrada a la primavera. Tradiciones arraigadas en América por los portugueses durante las conquistas, los bailes de máscaras y disfraces se integraron con los tambores y danzas africanas ceremoniales, para crear el ritmo hipnótico que seduce a millones de personas conocido como “Samba”.
Yarah es una chica de 18 años recién cumplidos, una linda garota brasileña de piel canela y bellísimos ojos verdes, que encuadran perfectamente en un rostro angelical de finas facciones europeas, heredadas de su padre de ascendencia portuguesa, el cual nunca se ocupó de ella, ni quiso reconocerla como hija.
Nacida de la unión entre Wenda una mulata sirvienta, y un rico ganadero de la zona rural de Río Grande del Sur. Yarah se trasladó junto con su madre desde los 13 años a una favela de Río de janeiro como muchos otros en busca de un mejor futuro. Conocida popularmente como la chica del agua, todos los días camina a las playas para trabajar en un quiosco de la Rambla de Copacabana, donde venden agua de coco a los turistas, de esta forma sobrevive en aquella difícil ciudad de una manera pobre pero honrada.
Es un día muy caluroso, el sol está a plenitud y en la playa apenas hay espacio para caminar, el trabajo de Yarah esta mañana es especialmente difícil.
Hoy ella realmente se siente muy abrumada y aturdida. Unas interminables filas de personas molestas, hacen decaer su autoestima con insultos y gritos por la poca eficiencia en el despacho de la mercancía, a pesar de ella hacer sus mejores esfuerzos. Apenas es viernes y está empezando el carnaval, los días siguientes, probablemente serán iguales o peores para su trabajo.
Justo cuando pensó que las cosas no podían estar peor, se presenta frente a ella Carine. Su vecina y exótica Bailarina de Samba, que cuenta con unos 28 años de edad y que parece odiar a Yarah solo por existir. Y este día no es diferente…
Con un lenguaje muy vulgar se burla de ella, al verla agobiada con la clientela, y le dice:
─ Hay que ver, que ni para vender agua sirves.
─ ¡Seguro te iría mucho mejor en otra cosa!
Yarah, acostumbrada ya a este tipo de situaciones con Carine, solo sonríe de manera irónica inclinando la cabeza y la ignora por completo, para seguir atendiendo su puesto de trabajo.
Carine no es una mujer cualquiera, realmente es alguien de cuidado, vive en la misma favela que la Yarah, se dedica a los bailes eróticos y algunas actividades ilícitas con las pandillas del lugar. Parece tenerle celos a la joven chica, por miedo a que en un futuro pueda ser el centro de atención de los muchachos del barrio y la desplace a ella de ese lugar; o simplemente le cae mal sin ningún motivo especial, nadie lo sabe. Pero lo cierto es que, la rivalidad entre estas dos mujeres apenas está en pañales y tendrá puntos más álgidos en los siguientes días.
Cae el atardecer del día viernes en el Aeropuerto Internacional Antônio Carlos Jobimde (Galeao), en la ciudad de Río de Janeiro. Andrew acaba de aterrizar en el vuelo 800 de la línea aérea Venezolana VIASA, procedente desde New York EEUU, a bordo de un flamante DC-10, el avión más moderno de esa época.
Esta imagen es una dedicatoria a todos los trabajadores de Viasa y a mi Papá. Gracias por darme tan buenos recuerdos.
Totalmente agotado después del largo viaje, Andrew esa noche se hospeda en una habitación del Hotel Atlántico en Copacabana. ─ La cual le había costado mucho reservar, con casi un año de antelación, para poder disfrutar del Carnaval de Río de Janeiro ─.
Esto era un sueño cumplido, el joven ya podía festejar su graduación con 5 días de rumbas, fiestas, bailes, y diversión, según lo había planeado. Para empezar, decidió conocer un club en la playa que había visto en una guía turística con buenas recomendaciones. Se instala rápidamente en una mesa, el rugir de su estómago denota un hambre atroz típica de un adolescente a esas horas de la noche, para abrir la velada decide poner el furor de Brasil en su mesa.
Comienza ordenando unas bebidas de Caipirinhas, ─ un delicioso cóctel a base de una bebida alcohólica bastante fuerte llamada cachaca, limón y azúcar ─, la cena no fue menos autóctona para su paladar, se delito probando la famosa Moqueca de Peixe, ─ un plato típico parecido a un asopado de pescado blanco con mariscos, leche de coco, vegetales y especias ─.
Ya las rondas de las fuertes Caipirinhas comenzaban a hacer su efecto en el cerebro de Andrew, quien estaba algo más que mareado, cuando comenzó el show de baile protagonizado por Carine en la tarima principal del club, ante sus ojos, apareció una musa con la indumentaria típica de las garotas del carnaval, un espectacular traje llamativo adornado con plumas de pavorreal de colores verde y amarillo, contornean el escultural cuerpo de la mulata de pelo liso blanquecino, voluptuosos senos y sensuales caderas, que se movían al ritmo de la samba en un diminuto traje de baño.
Andrew, estaba realmente impactado con el imponente físico de aquella exótica mujer, se podría decir que jamás podría imaginar la existencia de una diva con esas características, y adicionando la lujuria que el efecto del alcohol inducía a su cuerpo, Andrew ya era un cóctel de adrenalina ambulante.
No tardó en ponerse a bailar como un loco en la pista de baile acercándose a la tarima donde estaban los bailarines, un billete de 100 dólares americanos en su mano, fue la atracción perfecta para que la despampanante bailarina principal se acercara para danzar con él al ritmo sensual de la samba carioca.
El joven chico se encontraba a los pocos minutos temblando de la emoción, el color rojo se apoderó por completo de sus pálidas mejillas, y su rubio cabello como el trigo resaltaba entre todas las personas de aquel lugar.
Sentada en su mesa estaba Carine, compartiendo unas cuantas bebidas entre chistes y sonrisas. La comunicación no era muy fluida, ya que el idioma portugués Andrew no lo hablaba muy bien, fue más bien el silencio de las risas y la mirada, preguntando:
¿Quieres jugar con fuego?
Lo que fue suficiente para entender las señales de que, una noche con ella, le costaría a Andrew, unos cuantos más de aquellos billetes verdes que la habían atraído a él como un imán, un precio que sin dudar, aquel chico Americano estaba más que dispuesto a pagar por una noche de placer y diversión.
No es necesario imaginar lo que hicieron aquella noche en la habitación del hotel, fue una desenfrenada noche de sexo y lujuria.
Como ladrones de sombras haciendo que las fantasías de Andrew se volvieran realidad. Aquella diosa apasionada recorrió todos los caminos de su cuerpo, haciéndole el amor como una obra de arte, representando el papel de una gran actriz al ritmo de la samba, hasta dejar su cuerpo palidecido y agotado por completo.
Esta Historia Continuara...
En mis próximas publicaciones,
No te pierdas el desarrollo de esta apasionante historia de amor, marcada por la tragedia que apenas empiezas a descubrir.