La imagen fue tomada por mí, es mía!!!
Hola comunidad, aquí les dejo este cuento, disfrútenlo.
Había una vez una niña llamada Inocencia, que vivía en un pequeño pueblo anclado en las costas de un mar perdido y remotamente distante de toda ruta marítima conocida, un pueblo de personas humildes y sencillas que vivían del trabajo en el mar, rodeado de montañas con grandes pinos que parecían gigantes de guardia en sus amplias laderas.
Inocencia vivía con su padre, un hombre robusto, como un tronco de pino viejo, pero con la mirada noble de un cachorro. Ella era muy feliz viviendo en su paraíso terrenal, rodeada de la belleza de la naturaleza que amaba, de sus amigos y el mar.
A Inocencia le gustaba mucho su hogar, sobre todo el jardín, allí todos los días la esperaba la urraca, esta era el animal del bosque que más hablaba y conocía a todos, y con ella pasaba gran parte de la tarde hasta que llegaba su padre, y esta la entretenía con historias divertidas que acontecían en el bosque.
Una tarde su papá demoró más de lo habitual, un barco perdido había encallado en las costas de ese pueblo y su padre y otros pescadores le estaban auxiliando; el capitán del barco encallado, en agradecimiento a los pescadores que le ayudaron en aquella difícil situación, les obsequió una caja de caramelos para sus hijos, y fue muy bien recibida por aquellas nobles personas que vivían escondidas del mundo.
El papá de Inocencia llegó esa tarde un poco extraño, tenía en su mirada un aire de intriga acompañado de una amplia sonrisa, cuando Inocencia lo vio, lo fue a recibir, como de costumbre, con un fuerte abrazo y un gran beso en su mejilla, el papá, aprovechando la oreja de la niña, que había quedado justo debajo de su boca, le dijo:
- Hoy te traigo un regalo especial
La niña abrió los ojos como si el mar se quisiera salir por ellos, y de inmediato el papá le contó.
- Resulta que mis amigos y yo hoy tejimos una enorme red, y subimos a la montaña más alta, y desde allí, la lanzamos a las nubes, y para nuestra sorpresa, quedó atrapado en ella, un sorprendente arcoíris, que al vernos asustado se enrolló y se volvió una bola dulce y colorida.
Y sacando una mano de su bolsillo, le mostró a la niña su regalo, un arcoíris asustado tal cual lo había descrito, y le dijo:
- Pruébalo y verás qué dulce y rico es el sabor del arcoíris.
Inocencia sorprendida con cara de asombro le dijo a su padre:
· Mejor lo guardo para después, que ahora tengo la boca con el sabor de la miel de abeja que probé de la despensa, lo comeré en la mañana.
El padre, cansado por el ajetreado día que tuvo, le sonrió y le acarició la cabeza mientras fijaba su vista en la cocina, que lo llamaba con canto de sirena, aprovechándose de la debilidad de su estómago.
Esa noche, después de cenar, el padre de Inocencia quedó rendido en el sofá, Inocencia, ya en su alcoba, no podía conciliar el sueño, pensando en el pobre arcoíris asustado que le había regalado su padre.
A la mañana siguiente, después que el padre de la niña se fuera al mar, Inocencia visitó el jardín para contarle a la urraca lo sucedido, su amiga emplumada, al escuchar tal historia, se alarmó mucho y le dijo a la niña:
- Ruaaft, es una catástrofe lo sucedido, el arcoíris es el único que puede calmar a las nubes cuando están molestas, ahora sin él, las nubes siempre estarán tristes, enojadas y no dejará de llover, hay que devolverlo de inmediato a la montaña.
La niña, al oír esto, se puso a pensar como serían sus días de incesantes lluvias y melancólicas tardes sin poder salir al jardín, y dispuesta a arreglar el error de su padre, tomó su mochila, puso dentro el arcoíris asustado y partió a la montaña más alta, su amiga la urraca la acompañaba.
Entonces comenzó a subir por el empapado camino de la montaña que había sido mojado por las enojadas nubes que ahora no tenían un arcoíris que las alegrara.
Ya estando a la mitad del camino, un pino gigante que había estado toda la noche en vela, debido a que las incesantes lluvias no lo habían dejado dormir, se quedó dormido y cayó a un lado del camino justo al lado de Inocencia, atrapando un pie de la niña con sus desgreñadas ramas.
Inocencia se asustó mucho, y tratando de liberar su pie, vio como sus esfuerzos se transformaron en solo cansancio, que alentó a la urraca a gritar de espanto.
No tardó en pasar por allí el curioso lobo que recorre el bosque, y al ver a la niña, se dispuso a ayudarla tomando la rama del árbol para alarla, pero la niña, al sentir los filosos dientes dijo:
- Hay!, Hay, no!, que tus dientes me pinchan, y lejos de apartar la rama, me arrancarás el pie.
Y el lobo entonces siguió su camino, he Inocencia suspiró mientras se recostaba en el suelo mojado de la montaña, y girando su cabeza dejó caer la mejilla sobre una alfombra de hojas y ramas como si fueran su almohada, hasta que desde dentro de la espesa capa, vio salir a la serpiente, ojos amarillos como dos estrellas asoman justo delante de ella, la serpiente al verla, se dispuso a ayudarla, y enrollándose en su pequeña pierna, apretó y tiró, y la niña enseguida habló:
- Hay!, Hay, no!, y lejos de sacar mi pierna, me la romperás.
Y la serpiente siguió su camino. Entonces Inocencia, dormida, cediendo al cansancio de su situación, sintió unas pequeñas manos cálidas y suaves como su almohada,,sujetaba su pierna y hacían a un lado las ramas de aquel pino caprichoso.
La niña, abriendo los ojos, pudo ver a un pequeño niño que parecía tener la fuerza de una gran ballena y con sus hábiles manos dejó libre su pierna, Inocencia extrañada, le preguntó:
- ¿Como me encontraste?
El niño, mirando la cima de la montaña, le respondió:
- Vine a liberar un arcoíris asustado que fue regaló de mi papá, y al pasar te vi y me dispuse a ayudarte.
Inocencia sonrió y le dio un fuerte abrazo, y cogidos de la mano subieron la gran montaña, al llegar a la cima, lanzaron sus caramelos a las nubes enojadas, que al estar tan cansadas de pelear todo el rato, decidieron separarse, y en el espacio creado, un rayo de sol le dio forma a un arcoíris asustado.