EL GALLINERO
Allá en mi barrio existe un gallinero
donde todo el que va goza un puyero.
Pues, en ese lugar que ya hemos dicho,
le tienen un apodo a cada bicho.
A un pollito más bruto que un equino
le dicen por mal nombre el Pollino.
Y a un gallo que es bastante cobardeta
todo el mundo lo llama Gallineta.
Hay un pollo gentil, muy caballero,
que a todos trata con notable esmero
y por ser tan bonito como un nardo
las pollitas lo llaman el Gallardo.
También hay una polla pizpireta
que es tremenda, brincona, muy coqueta,
que a cuanto gallo ve le pela el diente
y nunca dice no a un pretendiente;
por eso a esta pollita, la vecina
la llama, simplemente, la Gallina.
Como ejemplo final hay un gallito
que tiene un caminar tongoneadito
y duerme en un nidal de seda pura
soñando con soltar una postura.
A este gallo por partido y por maleta,
en vez de gallo lo llaman la Galleta.
Esta fábula avícola demuestra
lo errado que anda la cultura nuestra.
Debemos aprender del gallinero
la obligación de revisar primero
del sujeto cuál es la condición
y nombres no poner sin ton ni son.
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