El Día Internacional de la Poesía, celebrado cada 21 de marzo por decisión de la UNESCO, nos invita a detenernos ante la palabra que se hace ritmo, emoción y pensamiento. En un mundo que a menudo privilegia lo urgente, la poesía nos recuerda lo esencial: la capacidad de nombrar lo inefable, de habitar el lenguaje desde la hondura. Su importancia radica en que no solo comunica, sino que revela; no solo informa, sino que transforma la mirada.
Este género milenario se presenta en formas tan diversas como la humanidad misma: desde el soneto clásico de estructura fija hasta el haiku japonés de contención extrema, pasando por el verso libre que rompe ataduras, la elegía, la oda, la copla popular y, por supuesto, la décima espinela —esa joya de la tradición hispánica que en diez versos octosílabos encierra una pequeña arquitectura sonora. La variedad formal no es mero adorno; es prueba de que la poesía se adapta a cada voz y cada tiempo sin perder su esencia.
Como homenaje a esta forma tan nuestra, dejo dos décimas espinelas dedicadas a la poesía misma. Siguen el esquema clásico de rima consonante abbaaccddc.
Un brindis por la poesía
Diez versos de ocho latidos,
un espejo que se nombra,
donde la sombra se asombra
y el corazón da sus nidos.
No pido aplausos crecidos,
sino que vibre la rima
y que en su curva me anima
la certidumbre del arte.
Poesía, tú eres parte
de lo que el alma estima.